
El cantaor flamenco Diego el Cigala protagonizó ayer un concierto muy cercano e íntimo en el Teatre Grec. Repasó los grandes éxitos de su carrera acompañado al piano por Jaime Calabuch Yumitus.
No es de extrañar que al Cigala le acompañase ese instrumento que marcó un antes y un después en su carrera, un instrumento que descubrió de la mano del gran Bebo Valdés y con el cual realizó trabajos esenciales en su trayectoria como “Lágrimas Negras”.
Después de Bebo, el piano se convirtió en un compañero inseparable para Diego. A Bebo le siguió su hijo Chucho, posteriormente Caramelo de Cuba y desde el 2005 es Jaime Calabuch Yumitus un gitano del barrio de Gracia el que le acompaña y con el que recorrieron los grandes éxitos, desde el tango hasta el bolero.
El Cigala no defraudó en su concierto del Grec 2015. Con su característica voz llena de sentimiento y profundidad otorgó a sus mejores temas un timbre cargado de armónicos. La clave del éxito de este concierto ha sido el arte que tiene El Cigala para fusionar el flamenco no a través de los ritmos directamente, como es habitual, sino con el eco, con la voz, con los giros y con la flamencura.
La noche pintaba flamenca, con el teatro casi lleno y con un público con ganas de cantar aunque se contuvo al quedar extasiado por la melodía del piano y la voz del cantaor.
La magia, el duende y el don no solo salían de Diego sino que emanaban de un pianista que nos dejó boquiabiertos y que sin partituras dio todo lo que completaba a la voz del Cigala. Un pianista al que habríamos pasado horas escuchando y admirando, del que no olvidaremos su nombre, ni su virtuosismo, ni sus vaivenes disfrutando del ritmo que él mismo creaba.
El gran maestro sonó clásico paseándose por bulerías como si nunca hubiera salido de uno de los locales en los que empezó en la capital y de este modo recuperó letras clásicas con una poética sublime.
Crónica realizada por Milena Vazquez
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