
El filólogo e historiador Ignacio Arellano sostiene de Don Gil de las Calzas Verdes, obra cumbre de Tirso de Molina, que es “puro teatro”. Esta pieza, escrita y representada por primera vez en el verano de 1615, se ha consolidado como la comedia de enredo más perfecta del Siglo de Oro español. Ahora, llega al Teatro de la Comedia de Madrid de la mano de Brenda Escobedo y la británica Sarah Kane.
La historia sigue a Doña Juana, una mujer que, tras sufrir un desengaño amoroso por parte de Don Martín, decide buscar a su enamorado para vengarse del agravio. Armada con ingenio, disfraz y engaño—elementos característicos del teatro barroco—, toma el control de su destino. Sin embargo, en la ejecución de su astuto plan, genera caos, confusión y quebraderos de cabeza al resto de carismáticos personajes implicados en esta divertida y aguda trama.
Es esta una de las obras más emblemáticas del dramaturgo por su ingenio, su frenética acción y un dominio lingüístico que impacta y emociona cuando se escucha recitar. El amor, ante todo, y todo lo que deriva de él: los celos, las infidelidades, la necesidad de casarse y la presión social. Sin embargo, quizá lo que más destaca de la pieza (en su época y en la actualidad) es el lugar que ocupa la mujer.
Don Gil de las Calzas Verdes fue uno de los primeros textos de este tiempo que tuvo un personaje femenino como protagonista absoluto y en el que se visibilizan las tramas entre mujeres por encima de las de los hombres. Es, por tanto, interesante analizar este contexto y examinar la obra desde una perspectiva actual. Sobre esto, la directora ha afirmado que “en todos esos momentos locos, frívolos y triviales” del texto, “la agudeza y rapidez imaginativa de los personajes crea una profundidad y una esencia que también deja espacio para la reflexión”.
Para Kane, experta en la obra de Shakespeare, ha sido totalmente reveladora la obra de Tirso de Molina. Para Escudero, verla dirigir ha sido fascinante: “Acierta al jugar con actrices/personajes de una manera divertida y muy evidente”, expresa la dramaturga. De hecho, es impresionante ver al elenco recitar el texto clásico y moverse con tanta fluidez y gracia sobre el escenario. Su expresividad cómica arrancó sonoras carcajadas del público, que no tardó en sumergirse por completo en la historia.
En este sentido, destaca la decisión de repartir el papel principal de Doña Juana, junto a sus alter egos Don Gil y Doña Elvira, entre Cristina García, Ania Hernández y Cristina Marín-Miró, quienes interpretan sus textos con gran precisión. Miriam Queba, en el papel de Doña Inés, otra de las grandes protagonistas de la comedia, brilla con una actuación llena de soltura y comicidad. El resto del elenco no se queda atrás y vuelve a demostrar su gran talento en el arte del verso en esta producción, la cuarta que llevan a cabo dentro de la Joven Compañía del Teatro Clásico.
Por otro lado, frente a una escenografía sencilla, compuesta por una pared móvil que simula los espacios interiores y exteriores, resalta el pomposo y barroco vestuario de Pier Paolo Álvaro. Su diseño apuesta por colores vibrantes y eléctricos para para realzar la energía frenética y divertida de la obra, que, en definitiva, aporta un aire fresco y renovado al público actual.
Crítica realizada por Judith Pulido




