
Dibujo de un zorro herido, en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero de Madrid, se ha convertido en el sleeper del comienzo de temporada del Centro Dramático Nacional, porque la dramaturgia catalana pisa fuerte esta temporada.
Texto y dirección de Oriol Puig Grau, escrito en el marco del programa de Residencias Dramáticas del Centro Dramático Nacional durante la temporada 2023-2024, con Eric Balbàs como Ferran, un suplente de maestro de primaria que tras ver el retrato de un joven artista muerto en un accidente de tráfico, en una galería de arte, comienza a obsesionarse con su vida y los personajes que la poblaban, a través de su perfil, aún activo, de Instagram.
El Ferran de Eric Balbàs me ha resultado un personaje demasiado complejo y enrevesado, dentro de un contexto tan bidimensional como este Dibujo de un zorro herido de Oriol Puig Grau. Se plantean tantas capas de realidad en esta pesadilla obsesiva del protagonista que la traslación a la escena, si no llega a estar apoyada por una interpretación entregada y el rico espacio sonoro y música de Fernando Epelde, el proyecto creo que no se entendería, ya que los referentes con los que juega y los recursos que utiliza solo tendrían una completa traslación al lenguaje audiovisual.
Marc Salicrú plantea un diseño de iluminación super efectivo en los acentos dramáticos del montaje, pero que el dispositivo en su mayor parte deba ser operado por el intérprete me resulta disruptivo y aparatoso. El encendido repentino de la luz blanca de sala de profesores, los destellos del televisor, el primer plano iluminado por la pantalla del teléfono de Ferran: todos son efectos fantásticos con enorme carga emocional, pero su activación me saca de la trama.
La escenografía de Mónica Borromello, fantástica adaptación al espacio y a la construcción mental y anímica del personaje: un lugar casi liminal, a medio construir, con uniones endebles y temporales, sin fondo real, como un decorado de pesadilla donde Ferran vive este bucle de café, gritos infantiles y verse con la cara de otro.
Eric Balbàs transita toda una galería de personajes que quizás restan carga dramática de tan extensos registros que interpretar. El continuo desdoblamiento en Thibaut, Lourdes, la galerista, Eudald, Joan; hacen que Ferran quede abocetado en lo profundo, y retratado en lo inmediatamente delante de la audiencia, pero como la escenografía, los detalles de la superficie no hacen mas que tapar un fondo hueco, vacio e incompleto. Hay un componente de body horror que pierde peso según avanza la trama, y ni siquiera cuando este se materializa logra que me remueva. La momia Ferran, el monstruo vulnerable, liberándose de sus vendas, cobrando conciencia física de si mismo: como imagen, poderosa, como escena, desperdiciada.
El misterio de la obsesión y el trauma físico queda inconcluso y sin siquiera despertarme una curiosidad real porque quizas es que Ferran simplemente no está bien, y siento que Dibujo de un zorro herido debería mostrarme ese dibujo, precisamente, con mayor o menor detalle, saliéndose por los bordes, o siendo preciso en el trazo. El texto me pide que la Crayola de Martina perfore la cartulina, la llene de negro, y la herida sangre profusamente, y no que solo sea un garabato.
Crítica realizada por Ismael Lomana




