
Los Teatros del Canal de Madrid acogen ¿De dónde venimos?, una propuesta escénica protagonizada por Santiago Sánchez que articula una selección de textos teatrales, fábulas, relatos e incluso citas de canciones. La pieza está dirigida por el burkinés Hassane Kouyaté y cuenta con música en directo de Víctor Lucas.
¿De dónde venimos? es la gran pregunta que vertebra todo este montaje. Durante 75 minutos, Santiago Sánchez —actor y director de L’Om Imprebís, compañía productora del espectáculo— recita y encarna una cuidada selección de textos que abordan algunas de las cuestiones fundamentales del ser humano: el amor, la búsqueda de la felicidad, el sentido de pertenencia y la construcción de la identidad. Un espectáculo que se presenta como un ejercicio de reflexión compartida que apuesta por la palabra y la escucha en un tiempo marcado por la prisa y la dispersión.
La dramaturgia de este monólogo, concebido desde la interacción directa con el público, se construye a partir de las voces que han marcado los universo artístico del actor, del director y del músico. Santiago Sánchez firma el texto y la propuesta escénica con la colaboración de Hassane Kouyaté y Víctor Lucas. Juntos elaboran un mosaico de citas literarias y fragmentos musicales que reúne a autores y creadores tan diversos como Serrat, Cervantes, Tchaikovsky, Lorca, Chéjov y Shakespeare, entre otros.
A través de esta hibridación de palabra y música, los artistas aspiran a ofrecer al espectador —según explicita la propia propuesta— “una invitación a parar, a crear un instante suspendido donde las palabras recuperen su sentido y nos faciliten conectar con lo mejor de nosotros mismos”. La música en directo refuerza esta atmósfera contemplativa y acompaña el discurso.
El público responde con entusiasmo, en buena medida gracias a la cercanía, el carisma y la capacidad comunicativa de Sánchez, que interpela, escucha y genera complicidad desde el escenario. Sin embargo, ese clima de conexión no logra ocultar ciertas debilidades del conjunto. La acumulación de mensajes reflexivos y referencias, aunque bienintencionada, termina por lastrar el desarrollo dramático. La propuesta parece confiar más en la suma de ideas que en la construcción de un conflicto o una progresión escénica que sostenga la emoción a lo largo del tiempo.
¿De dónde venimos? se apoya en la solvencia interpretativa de su protagonista y en un discurso humanista de gran calado, pero deja la sensación de que una mayor depuración dramatúrgica —menos cita y más acción— permitiría transformar la reflexión en una experiencia teatral más contundente y duradera.
Crítica realizada por Judith Pulido




