
Incluida en la 5ª edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida llega al Teatro de Bellas Artes de Madrid Clitemnestra, obra escrita y dirigida por José María del Castillo basada en textos de Eurípides, Sófocles y Esquilo. Un montaje atrevido que aúna danza y música para presentarnos una revisión del mito clásico que reivindica a la mujer que se oculta tras él.
La sombra de Clitemnestra se proyecta trágica y oscura. Es una asesina vengativa, celosa, frívola y adúltera. Sin embargo, los ecos de su consorte, Agamenón, retumban como los de un héroe. Un bárbaro que asesina al primer esposo de Clitemnestra para arrebatarle el trono y arrebata la vida dos de sus hijos. Un monarca torpe y que abandona su reino y a su esposa durante diez años y reaparece reivindicando su trono junto a una concubina troyana con la que pretende sustituirla.
José María del Castillo ha sabido entender la injusticia de este relato clásico y ha concedido a esta reina magnífica la oportunidad de narrarnos su historia en primera persona, libre de prejuicios y convenciones. Su Clitemnestra se nos muestra así como una mujer cuyo principal delito parece el de ser mujer: «No hay nada de cuanto hice que no le esté permitido a un hombre». Herida y humillada nos cuenta sus debilidades, pero también sus fortalezas. Habla de derechos y privilegios que se reparten de forma desigual y reivindica su derecho a reinar y a conducir su propio destino. Cristina Castaño representa a esta Clitemnestrade forma solemne y feroz. Altiva y elegante recorre el dolor y la rebeldía de una mujer para ofrecernos finalmente una reina descarnada y poderosa.
La transgresión del montaje ideado por José María del Castillo, no se limita a trasladar el discurso y reconducir el juicio moral. Nos plantea una pieza multidisciplinar en la que la danza y la música, fundamentalmente flamenca, glosan la tragedia como un coro clásico. Camino Miñana, Daniel Moreno, Benjamín Leiva, Ángeles Rusó, Sonia Franco, Alejandro Molina y Gonzalo Calleja, completan este coro que interpreta a su vez los principales personajes que ocupan la vida de la protagonista: sus hijas Ifigenia y Electra, Agamenón o su amante Egisto.
Benjamín Leiva, que es también responsable de la coreografía, despunta en alguna de las piezas de danza, ofreciéndonos una interpretación repleta de furia y sensualidad. Pero las réplicas más interesantes en la actuación son de Camino Miñana, en el papel de Electra, que realiza un bellísimo duelo con Cristina Castaño. Ángeles Rusó que nos ofrece una Ifigenia dulce e ingenua y, finalmente Daniel Moreno que destaca en el papel de Egisto.
La tragedia en Clitemnestra se filtra con desazón. Desde su arranque no hay espacio para la tibieza y, consciente de ello, el director nos propone un interludio lúdico en el ecuador de la obra. Suspende el relato de la protagonista para incorporar un episodio ligero en el que el coro discute sobre el placer del sexo. Esta interrupción en la narrativa es abrupta y genera cierta sorpresa confusa en sus primeros segundos, pero es francamente divertida y se agradece la deliberada dosificación del drama.
La escenografía es mínima, pero el diseño de vestuario de Mariani Marquerie aporta el dramatismo que la escena no tiene. Viste a la protagonista de un rojo regio y vibrante en el que se refleja la pasión y la violencia de su vida y lo contrasta con el banco neutro del coro sobre el que se reflejan los juegos de luz durante las escenas de danza.
Esta versión de Clitemnestra es reivindicativa y se atreve a explorar los límites del relato. Sin duda, en estos tiempos resultará incómoda a cierto público, pero es objetivamente fiel al mito clásico y sólo nos ofrece los ángulos de una mujer que quedaron ocultos en la narración tradicional. Es un montaje modesto, en el que la introducción de la música flamenca no resulta del todo orgánica, aunque intuimos que se crecerá en el escenario del Teatro Romano de Mérida.
Crítica realizada por Diana Rivera




