
El Teatre Coliseum de Barcelona presenta Chavela. Una obra de Carolina Román con música de Alejandro Pelayo que recrea los últimos días de la gran Chavela Vargas mediante un lenguaje teatral que mezcla lo cotidiano con lo divino, tal y como era ella.
Si pensamos nuestra existencia como un ovillo, siempre le prestamos más atención a la punta de la vida y menos a la de la muerte. Chavela Vargas vino al mundo a cantar verdades con el corazón y con la daga de su voz. Una vez dijo: “Yo no me voy a morir porque soy una chamana y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos”. María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano vuelve a casa después de una larga gira, la última. Su amiga “La Pelona” viene a buscarla dentro de tres días y Chavela oscila entre el filo de este y el otro mundo. De vez en cuando olvida quién es, pero un hilo rojo la lleva lejos; a esos lugares en “donde amó la vida”, a un limbo de recuerdos que la visitan antes de la partida. Allí, una anciana espera a la muerte, una niña herida manda dentro de una mujer y un Mito se hace eterno. Los personajes aparecen y se desvanecen en una puesta escénica dotada de un realismo mágico. Cada noche, canalizaremos a “El Mito” que nos cantará y llevará a ese mundo onírico.
Carolina Román presenta una obra mágica y llena de misticismo que repasa el origen, transformación y consolidación del mito Chavela Vargas. Bajo una premisa de recuerdo eterno, cinco actrices se pondrán en la piel de Chavela y amigos, para hacernos recordar los momentos más importantes y trascendentales en la vida de la artista. Así, Román nos enseñará brevemente imágenes de una Maria Isabel adolescente que debe abandonar su casa en Costa Rica para trasladarse a Mexico, de una prematura Chavela que empieza a conocerse a ella misma despuntando entre las barras de los bares de la ciudad, una consolidada cantante que empieza a creer que puede contar historias con su música y, finalmente, una Chavela que espera a La Pelona, la muerte, mientras desmiga su «complicada» vida a sus cuidadores.
Román nos acerca así una historia llena de orgullo, ternura y lucha en la que conoceremos a la Chavela más pura. Una historia contada con mimo y mucho cariño que encumbra al personaje casi a la divinidad, elevando a una mujer que cantaba a la vida para confrontarla. Una chamana que llegó para exorcizarnos con su contar.
Para acercar su historia al público, Carolina Román cuenta con cinco actrices que nos mostrarán diferentes partes de la vida de nuestra protagonista.
Paula Iwasaki nos presentará a la Chavela más joven. Inicialmente, y en un momento muy ajustado por guión, conoceremos el inicio del mito. Tras el abandono de su madre, y los continuos maltratos de su padre, María Isabel abandona Costa Rica para emprender una nueva vida en Mexico. Un obligado cambio que la llevará a conocerse y aceptarse. Un espacio de la vida de Chavela que muy pocos conocen donde ella empezará a descubrirse y aceptarse.
Iwasaki nos muestra, posiblemente, el personaje más cambiante de la obra y con más recorrido emocional, ya que sus altibajos y su adicción al alcohol (ella se bebía las barras al completo) impregna su historia. Paula Iwasaki nos ofrece una actuación excelsa que transiciona desde la felicidad más absoluta hasta el momento más bajo de la artista, en el que borracha en la bañera, ruega a La Pelona que no la lleve. Momentos sombríos de lo que todos hemos oído hablar pero que aquí, Iwasaki nos hace ver mientras enmudecemos en la butaca.
Rozalén, por su lado, se pone en la piel de la Chavela más adulta. Ella nos acercará al personaje que, posiblemente, el público más reconozca: la Chavela contadora de historias. La albaceteña empodera a una cantante fuerte, que lucha por lo que cree. Sus apariciones son las menos destacadas, puesto que la historia está más enfocada en los momentos más trágicos de la chamana.
Rozalén respira como el personaje y nos entrega su verdad a través de sus característica voz rota. Ella no imita a Chavela, ella nos acerca su alma.
Por último, Luisa Gavasa nos presenta a la Chavela más anciana. En puertas de su partida a lo desconocido, ese lugar tan mágico del que nadie vuelve, Gavasa nos presenta a una Chavela que recuerda y hace balance de su vida junto a sus dos cuidadores. Cabezona como nunca, ella decide qué hacer, qué contar, qué compartir con su público presente, mientras recuerda su dificultosa vida y a todos los amigos que, aunque se fueron más pronto, siempre han estado a su lado.
Luisa Gavasa nos ofrece una interpretación afable pero excelsa que nos pone los pelos de punta cuando, con su mirada perdida, interpreta varios versos de sus canciones o mira a sus yo anteriores con calidez y recuerdo. Ella será el hilo conductor de esta rememoración del mito.
Junto a ellas, encontraremos dos actrices que cambiarán constantemente de piel para convertirse en varios personajes que interactúan con nuestra protagonista.
La granadina Laura Porras se enfundará en los zapatos de un espíritu chamán que viene a ofrecer consejo y sabiduría a la nueva Chamana. También se convertirá en una de las cuidadoras más queridas de la Chavela más anciana. Y, por último, interpretará a uno de los personajes más importantes en la vida de la artista. Un personaje el cuál prefiero no desvelar -aunque más de uno ya lo tendrá en su mente-, que esclarecerá cómo la artista trataba a sus seres más queridos.
Con estos personajes, Laura Porras consigue que conozcamos una parte de Chavela que siempre ha mantenido muy en secreto para con su persona.
Raquel Varela, por su parte, nos presentará varios personajes que se convirtieron en un importante punto de inflexión en la vida de la artista. Fugazmente nos presentará a su duro e inflexible padre. En gran parte de la función tendremos presente a Amancio, uno de sus cuidadores. Y, por último, ella será la encargada de presentarnos a uno de los personajes mas importantes en la vida de la cantante: José Alfredo Jiménez, el gran compositor y cantante mexicano con quien nuestra protagonista compartió una profunda amistad, anécdotas de bebida, y una gran admiración mutua. El gran anclaje de Chavela a la vida.
Raquel Varela nos ofrece unos personajes para el recuerdo. Su versatilidad actoral y el juego que nos ofrece con los acentos tan característicos de cada uno, hace que destaque.
En la parte musical, subrayar el trabajo al piano que disfrutamos en directo de la mano de Alejandro Pelayo. Alejandro nos ofrece una interpretación musical sentida y cariñosa que acompaña cada una de las partes de la vida de la chamana. No solo nos interpretará las canciones que «las Chavelas» cantan en escena, sino que formará parte de la historia en todo momento.
En la parte técnica, destacar el sencillo y eficaz diseño de escenografía de Javier Ruiz de Alegría; la impactante video escena creada por Ezequiel Romero; y el cálido e imperante diseño de iluminación de Raúl Baena y Eduardo Vizuete. Mención especial y destacada para el icónico y soñador vestuario ideado por Elda Noriega.
Chavela Vargas nos dejó el 5 de agosto de 2012 en Cuernavaca (México) a la edad de 93 años. Ella era un espíritu libre que luchó por lo que era, lo que quiso y por alzar la voz de mujeres que no tenían. Hoy es momento de rendirle homenaje y no hay otro mejor que este espectáculo hecho con un cariño y una admiración palpable. Es momento de que alces tu copa y brindes por esta muerte que se vuelve vida. Chavela nos enseñará a mirarnos en su espejo libre y rotundo, viviendo, muriendo y haciéndose eterna. ¡Viva Chavela!
Crítica realizada por Norman Marsà




