
El 18 de febrero de 2026, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona recibió a Nadine Sierra y Ludovic Tézier en un recital que, sin escenografía, tuvo la intensidad de una gran noche de ópera. Virtuosismo, inteligencia musical y carisma bastaron para convertir la cita en todo un acontecimiento.

Pocas óperas abrazan el exceso con tanta convicción como La Gioconda de Ponchielli, y su regreso al Gran Teatre del Liceu de Barcelona confirma que el melodrama, cuando se ejecuta sin miedo, sigue siendo un arma de altísimo voltaje emocional. Una ópera que se vive como un vendaval de pasiones extremas, de arias que desgarran y silencios que pesan como sentencias.




