
El romanticismo ruso llega al Gran Teatre del Liceu de la mano de Anton Rubinstein y Demon. Una pieza muy significativa de su periodo que se estrena por todo lo alto. Título y puesta en escena debutan en la casa y la sensación de asistir a un momento importante de la programación operística de la ciudad nos invade. Tanto por el ejercicio de recuperación como por su valor actual.

Sorprendente puesta en escena la que nos proponen el Gran Teatre del Liceu y Philipp Stölzl. L’holandès errant, que se presenta estos días, nos invita a reflexionar sobre el peligroso juego de escapismo que puede proporcionar la lectura. La búsqueda incesante de sentido sobre la vida y el amor del que, quizá, sea el Wagner más autobiográfico.




