
Durante sólo 4 días, la compañía flamenca José Porcel recala en el Teatro Apolo de Barcelona, donde estrena su nuevo espectáculo ENCUENTRO. La novedad más llamativa esta vez es la colaboración, como artista invitado, del prestigioso bailarín y coreógrafo Antonio Canales.
Es una participación breve (no se trata de Canales acompañado de la gente de Porcel, sino al revés), condensada en dos números en la primera mitad del espectáculo, pero intensa. Permite contrastar los dos estilos distintos de los dos bailarines, tanto en la actitud como en el zapateado: el de Porcel más próximo a la convulsión y al paroxismo, el de Canales más contenido, más minimalista, más preciso, pero capaz de dominar en solitario con una improvisada escobilla, o estallar con unos contundentes desplantes.
El jaleo con el que se lanza la compañía al comenzar ENCUENTRO puede presagiar una fiesta flamenca tradicional: y aunque es flamenca de arriba abajo, el espectáculo sirve para ofrecer un panorama de lo que también es el flamenco, más allá de las soleás o de los ayes. Aires alegres se mezclan con otros de desesperación o incomprensión. El resultado acaba resultando tan moderno como jondo, en particular con algunas de las coreografías de Porcel en las que llega a haber contactos curiosos (pero en el fondo naturales) con el claqué de Fred Astaire o con las danzas celtas.
El cuadro flamenco que forman músicos, cantaores y bailarinas, más allá de las dos figuras, forman el núcleo del espectáculo. Abre la velada el flautista Diego Villegas, que es capaz de arrancarle sonidos similares a los del cajón, al que luego se unen el verdadero percusionista, Javier Fernández, y los dos guitarristas José Almarcha y Víctor Márquez. Se alternan al cante Roberto Lorente y David Vázquez, que suelen permanecer en un segundo plano, junto a los músicos, excepto cuando las figuras los reclaman para cantar a su lado.
Por su parte, el cuerpo de baile lo forman Inmaculada Aranda, Irene Correa e Isabel Rodríguez. Vaivenes y torsiones, actitud, feminidad, abaniqueo y técnica: son jóvenes pero los dominan. Aranda quizás lleva la voz cantante de las tres, aunque cada una tiene sus momentos destacados: el pas a deux flamenco de Correa con Porcel, por ejemplo, es uno de los aciertos de la velada, más allá de las piezas individuales.
Esa coreografías, como en general durante toda la velada, se ven favorecidas por un vestuario en ocasiones sobrio y en otras moderno, sobre todo en los estampados, o en el sencillo pero moderno traje de oficina con el que empieza Porcel uno de sus números, y que lleva el flamenco a otros lugares mentales, distintos a los que estamos acostumbrados. La iluminación también es clave para excitara el ánimo o calmarlo, y se acerca durante toda la función a la sutileza, en ocasiones incluso a la penumbra y a las siluetas, que nos hablan de noches, ensoñaciones y misterio.
ENCUENTRO permite eso que dice el título, el encuentro entre Canales y Porcel, ya en su primer número. Así pues, ¿qué queda por encontrar durante el resto del espectáculo? El encuentro con la gente, con los que quizás se habían distanciado del flamenco por considerarlo encorsetado o limitado. Este espectáculo demuestra que el duende no sólo está en el quejío o en la introspección, que el flamenco tiene muchos palos, y que el arte y el talento para el baile, por muy regionales que nazcan, son en el fondo universales.
Crítica realizada por Marcos Muñoz




