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22.07.2016 Teatro  
Activismo feminista, poesía y tralla: CONILLET

Uno de los éxitos de la pasada temporada teatral fue CONILLET, protagonizado por Clara Segura, dirigido por Marc Martínez y escrito por Marta Galán. Todo el que la fue a ver coincidía: era imprescindible, no te dejaba indiferente, era distinto. Aquellos días no pude verlo. Ahora, Bitó Producciones y el Teatre Lliure, lo ha vuelto a programar durante el Grec en el Teatro Romea.

En un Festival donde lo normal son programaciones de 1 a 3 días, eso ya es señal de excepcionalidad. Como lo fue que la noche del reestreno el público se levantara a ovacionar en pie a la actriz: que el público de una función de estreno, a veces terreno amigo, aplauda en pie, quizás no sea extraño. No me he explicado: el público saltó (saltamos) como un resorte. El aplauso nos quemaba en las manos, hacía rato que queríamos gritar vivas y oles a lo que Clara Segura estaba haciendo en escena, ese tour de force agotador, cogiendo su profesión por los cuernos, con un texto atrevido y un director entregado. Segura es la cara visible del resultado, y probablemente imprescindible, pero tanto como Martínez y Galán.

¿De qué va CONILLET? Fríamente, de las vicisitudes de una madre que no está ni mucho menos cansada de serlo, pero sí está cansada por serlo con todo lo que ella misma se pide, por todo lo que la sociedad le niega y por la lucha por la conciliación no ya laboral sino personal. Pero claro, CONILLET es de todo menos una obra fría. Una obra que comienza con una lírica delicada sobre la maternidad y acaba con ¿un homenaje a Pepe Rubianes?

El personaje de Segura, esa über-madre (incluso ur-madre) moderna es exagerado, dice tantas cosas con sentido común como burradas indefendibles ante nadie más que uno mismo. Provoca la risa con sus exageraciones y sus salidas de tono, con su intento de que sus hijos estén preparados para todo lo que la sociedad no cree que sea necesario en la educación, preparados para luchar, preparados para lo peor. Pero, cuando el espectador deja de tomar literalmente los hechos, se va dibujando cada vez mejor el interior de esa persona: alguien derrotado que no desfallece, pero que ve que está a punto. Una mujer superada: por las emociones, por los deseos insatisfechos, por las relaciones tóxicas, por el reloj. Por lo que se le exige.

En otros tiempos, CONILLET hubiera sido quizás una pieza coral interpretada por las T de Teatre, pero este montaje huye de lo fácil: este CONILLET es un monólogo en el que Clara Segura aprovecha cada uno de los 80 minutos que dura el espectáculo, fluyendo entre recuerdos, opiniones, teorías personales, momentos cotidianos, momentos clave, lo que ha perdido y lo que ha aprendido. La obra es narrativa, activista y poética, en cada escena hay alguno de los elementos que domina sobre los otros.

CONILLET va a ser, no tengo ninguna duda, una obra clave en la carrera de una de las mejores actrices de nuestro país. Con un texto diferente, debatible, opinable: jugoso. ¿Feminista, femenino o universal? Con un director que le ha metido mano a toda esa rica arcilla para aprovechar sus posibilidades. Tenían razón: CONILLET no te deja indiferente, es atrevida, es distinta, es (y no suelo abusar de esa palabra) imprescindible.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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