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05.04.2016 Teatro  
La(s) mujer(es) de Guido Contini

Segunda propuesta del ciclo MondayMonday. Tras la actuación de Mone Terual con “Estic fent Sondheim”, el Teatre Eòlia ha programado dos funciones de NINE. LES DONES DE GUIDO CONTINI. Para la ocasión la artista invitada ha sido Mariona Castillo y la idea original del concierto ha seguido la misma premisa que en el anterior.

La velada consiste en convocar a un artista de teatro musical consolidado para interpretar un contenido relacionado con el género, acompañado de algunos alumnos de los cursos superiores de la escuela.

Con música y letras de Maury Yeston y libreto de Arthur Kopit, la pieza se estrenó en Broadway en 1982. El material de partida es el largometraje “Otto e mezzo (8½)” de Federico Fellini. A medio camino entre el drama y la comedia, el surrealismo y el existencialismo, nos cuenta la historia de un director cinematográfico que atraviesa una crisis de creatividad cuando llega el momento de rodar su nueva película. Durante este trance revisará los momentos determinantes en su vida, siempre protagonizados por alguna de las mujeres que ha amado.

Sobre el escenario del Eòlia hemos podido disfrutar de un espectáculo que va mucho más allá de lo que podemos denominar como concierto escenificado. Descartando el texto en su totalidad, David Pintó ha transmitido la esencia de “Nine” vertebrando y recubriendo su esqueleto a partir de las canciones principales. En apenas setenta minutos, Mariona Castillo se ha transformado en Luisa Contini (esposa), Carla (amante), Liliana La Fleur (antigua vedette y productora de Guido), Saraghina (la prostituta que lo introdujo en las artes amatorias) y en su mamma. El protagonista masculino se ha explicado a través del punto de vista de todas ellas, corporeizado en una americana reposada sobre una silla hacia donde las mujeres encaraban sus canciones.

Jone Arteagoitia, Berta Bahr, Laura Fernández y Núria González (que también colaboró con Mone) han demostrado desde la “Overtura Delle Donne” y en todas sus intervenciones una sensibilidad especial para convertirse en el coro de mujeres que acompañan a la(s) protagonista(s). Todas han ejecutado las sencillas pero contundentes, expresivas y adecuadas (a la música, a la historia y al espacio) coreografías de Ariadna Peya con un candor que envolvía su técnica de manera apacible y serena.

En la dirección escénica, David Pinto ha dado en el clavo. De nuevo ha demostrado una empatía ajustadísima tanto a las necesidades de los intérpretes como de los personajes. El espacio escénico se ha convertido en una especie de mausoleo oscuro por el que deambulaban las mujeres interpretadas por Castillo, que ha utilizado toda la sala, envolviendo al público con un despliegue de recursos que han desprendido verdad desde el primer solo. Apenas una cortina negra, luces proyectadas contra las siluetas de los cuerpos y proyectadas sobre la pared y algún atisbo de color (espectacular “Folies Bergères”). Todos los detalles han aportado algo al conjunto, brillando más por su calidad y no por acumulación.

Hay que destacar la entrega y el arrojo de Mariona Castillo. Abandonando cualquier disculpa condescendiente debida la naturaleza de la propuesta, la actriz se ha desdoblado en todos los personajes con una fluidez y una riqueza de matices que ha dejado atónita a la platea. Utilizando su polifacético vestido negro y un pañuelo para transformarse ha defendido la partitura adaptando voz y gesto a cada una de las mujeres de Guido. Aprovechando su fisonomía en algunos números “Getting Tall”, interpretando más en algunos otros pero siempre con sensibilidad y evitando la caricatura como “A Call From the Vatican”, divertidísima en el ya citado “Folies Bergères” y dramática y desgarradora en “Be On Your Own”… Su creación para este espectáculo ya se cuenta entre sus mejores logros sobre un escenario. Realmente impresionante.

Finalmente, hay que destacar la excelente traducción-adaptación que Pintó ha realizado de las palabras de Yeston. Con sus palabras hemos conocido la historia de todos los personajes sin escuchar ninguno de los diálogos. Sus letras (como debe ser) se componen de frases que crean imágenes sencillas y elevan su significado a través de la música, propiciando el desarrollo del argumento y las motivaciones de los protagonistas. En este caso, y especialmente en el tema que da título al musical, ha jugado con el doble significado de la palabra nou en catalán (nueve y nuevo), amplificando el alcance emocional del repertorio. Es habitual, cuando escuchamos sus letras (propias o adaptadas) el uso del verbo volar. Con NINE. LES DONES DE GUIDO CONTINI, no hay duda que él y Mariona lo han conseguido con el público.

Un espectáculo que genera un entusiasmo como este debería poder desarrollar una larga vida sobre los escenarios. Y teniendo en cuenta que es poco probable recibir un montaje de gran formato de este musical por nuestro territorio, este supone la mejor opción que uno pueda imaginar.

Crítica realizada por Fernando Solla

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