
No puedo tener nada más que un triste pero maravilloso recuerdo de ANDRÉ Y DORINE, la obra que actualmente tiene en cártel el Teatre Poliorama. Y no puedo más que alabar una y otra vez el tremendo trabajo que realiza todo el equipo de la compañía Kulunka Teatro presentando esta, aparentemente sencilla, obra que se podrá ver hasta el 19 de septiembre en Barcelona.
ANDRÉ Y DORINE nos habla de la vejez y sus consecuencias. De lo que significa el amor de una pareja y los pros y los contras de la convivencia. De la desidia del pasar del tiempo y la rutina. De lo importante que es el espacio personal y el común. Y de lo esencial de los recuerdos para inspirarnos personalmente y como familia.
Estamos ante una obra con 5 actores: José Dault, Garbiñe Insausti, Edu Cárcamo y las máscaras y la música. Todos juntos nos ofrecen una maravillosa historia en la que se nos representa lo que significa el Alzheimer para el que lo sufre y para los que rodean al paciente.
Pero no todo es tristeza. Iñaki Rikarte (Director) se encarga de que las aseguradas lágrimas que se derraman durante el visionado de ANDRÉ Y DORINE, tengan también sabor a sonrisas. Para ello mezcla a partes iguales notas de humor con momentos de tristeza absoluta de esta realidad tan actual como es el Alzheimer.
Si a la coctelera le añadimos la dificultad de transmitir tantos sentimientos sin decir una palabra, solo con gestos y una sucesión de máscaras dramáticas, solo me queda decir que estamos ante una obra maestra.
Evidentemente, tanto las máscaras como la banda sonora, a cargo de Yayo Cáceres (muy inspirado en el Yann Tiersen de Amelie), juegan un importantísimo papel en un espectáculo sin palabras. Pero la expresividad corporal de los actores, la decoración y el diseño de luces también son imperantes para que pueda llegar a entenderse este guión mudo.
El recorrido simultáneo que se hace por la vida presente y los recuerdos de ANDRÉ Y DORINE durante 80 minutos nos da que pensar. Nos enseña lo injusto y miserable que es este asesino de recuerdos para el que lo padece, pero lo bonito que es que los que sí que pueden, mantengan vivo ese recuerdo.
La forma en que los actores son ovacionados, esos calurosos aplausos y bravos, el brillo de ojos de actores y público en el estreno el pasado jueves no deja lugar a dudas de que ANDRÉ Y DORINE es de esas obras de teatros que hay que ver. Su éxito mundial es absolutamente merecido. Les deseamos que sigan cosechando éxitos con esta obra tan delicada y original.
Crítica realizada por Diana Limones




