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24.04.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Èdip & Antígona – Crítica 2026

Èdip & Antígona llega al Teatre Nacional de Catalunya en Barcelona como un viaje directo al origen del teatro. Un clásico que no se mira desde el museo, sino desde la herida. Y una pregunta que incomoda: ¿qué queda hoy de nuestros mitos?

Bajo la dirección de Carlota Subirós, esta versión libre toma como base las tres grandes tragedias de Sófocles —Edipo rey, Edipo en Colono y Antígona— para construir un relato que nos lanza al corazón de nuestra cultura y a la ruptura de todas las certezas. En medio de la violencia y el caos, la figura de Antígona emerge como un grito de dignidad, de humanidad y de amor frente al odio. No es solo una revisión de los clásicos: es una relectura que interpela directamente al presente.

La dirección de Subirós apuesta por una escena que rehúye lo arqueológico para abrazar lo contemporáneo. Su mirada no busca reconstruir la tragedia griega, sino tensionarla, hacerla dialogar con el hoy. El resultado es un montaje de gran formato que combina lo épico con lo íntimo, donde la palabra convive con el cuerpo, el espacio y el sonido. Hay riesgo en la propuesta, pero también una clara voluntad de convertir el clásico en experiencia viva.

La dramaturgia, a cargo de Ferran Dordal, se articula como un tejido de capas donde los textos originales —en la traducción de Carles Riba— se entrelazan para construir un discurso único. No hay una narración lineal, sino un recorrido emocional y filosófico que se mueve entre la fatalidad de Edipo y la resistencia de Antígona. Una estructura exigente que no siempre busca facilitar la lectura, pero que encuentra su fuerza en esa complejidad.

En escena, el espectáculo se apoya en un amplio elenco que funciona como un cuerpo colectivo más que como individualidades aisladas. Moha Amazian, Lurdes Barba, Babou Cham, Joel Cojal, Oriol Genís, Jordi Martínez, Vicenta Ndongo, Albert Pérez, Kathy Sey, Yolanda Sey, Yolanda Sikara, Junyi Sun y Moïse Taxé construyen un universo coral donde la palabra se proyecta desde múltiples voces. Más que personajes cerrados, lo que vemos son presencias que encarnan ideas, tensiones y conflictos, reforzando el carácter simbólico de la propuesta.

La música original, compuesta y dirigida por Clara Aguilar, juega un papel esencial en la construcción del espectáculo. No se limita a acompañar, sino que genera atmósferas, tensiones y espacios emocionales que dialogan directamente con la escena. Junto a ella, el espacio sonoro diseñado con Damien Bazin envuelve al espectador en una experiencia sensorial que amplifica la dimensión trágica del montaje.

En el apartado técnico, el montaje apuesta por una estética potente y conceptual. La escenografía, colaboración entre Max Glaenzel y Josep Iglesias, configura un espacio que se transforma y se adapta a las distintas capas del relato, mientras que la iluminación de Raimon Rius dibuja un paisaje visual que oscila entre lo ceremonial y lo contemporáneo. El vestuario de Marta Rafa y la caracterización de Itziar Nzang refuerzan esa idea de atemporalidad, alejándose de una lectura historicista. La dirección de movimiento de Cecilia Colacrai aporta una fisicidad precisa que conecta cuerpo y palabra, integrando el gesto como parte esencial del discurso escénico.

En definitiva, Èdip & Antígona plantea una experiencia escénica que se aleja de la contemplación pasiva y apuesta por activar al espectador desde lo emocional y lo intelectual. Su ambición formal y su lectura contemporánea de los clásicos pueden generar distancias en algunos momentos, pero también abren espacios de reflexión poco habituales en la cartelera. Es un montaje que no busca cerrar discursos, sino abrirlos, dejando ecos que resuenan más allá del propio escenario.

Crítica realizada por Norman Marsà

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