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14.04.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Asesinato para dos – Crítica 2026

Asesinato para dos se representa en el Teatro Luchana de Madrid como un ejercicio de virtuosismo escénico que convierte la escasez de medios en una declaración de intenciones. Desde su arranque, la función deja claro que todo descansa sobre la precisión, el ritmo y la capacidad de dos intérpretes para sostener, sin fisuras, un dispositivo tan exigente como juguetón.

La obra toma como punto de partida un crimen y su investigación, evocando el universo del misterio clásico asociado a Agatha Christie, pero lo reformula desde un lenguaje que mezcla comedia, musical y teatro de transformación. Sólo dos actores, una decena de personajes y un piano como eje: con estos elementos, el montaje construye un relato ágil que pide la complicidad del espectador. Aunque el inicio puede resultar algo confuso, pronto encuentra su ritmo y consigue que el público entre en el juego.

La dirección de Zenón Recalde apuesta por una puesta en escena consciente de su artificio, sin intentar ocultarlo. El ritmo es uno de sus grandes aciertos: las transiciones son limpias, los cambios de personaje están bien engranados y el humor aparece sin necesidad de forzarlo. Todo fluye con naturalidad, aunque detrás haya un trabajo muy preciso.

En escena, el peso del espectáculo recae sobre Dídac Flores Rovira y Mikel Herzog Jr, cuya compenetración roza lo coreográfico. Flores Rovira se erige como el auténtico eje de la función, desplegando una capacidad camaleónica que remite inevitablemente a trabajos como el de James McAvoy en Múltiple. Su tránsito entre personajes, de mujer, a niño, a matrimonio, a médico, no solo es vertiginoso en lo físico, sino sorprendentemente preciso en lo vocal y emocional. Cada giro sobre sí mismo implica una mutación completa, sin necesidad de apoyos externos. Especialmente memorable resulta su dominio del piano integrado en la acción dramática: tocar, actuar y desdoblarse simultáneamente sin perder claridad narrativa es una proeza que sostiene algunos de los momentos más celebrados de la función.

Frente a él, Mikel Herzog Jr aporta una energía más expansiva. Su interpretación, en ocasiones algo más marcada, encaja con el tono cómico de la pieza. Destaca especialmente en el plano musical: su capacidad para enlazar las transiciones al piano con total continuidad es clave para que el espectáculo no se detenga. La coordinación entre ambos, sobre todo en los momentos a cuatro manos, es uno de los puntos fuertes de la función.

El apartado escénico refuerza la sencillez del montaje. Con un piano de cola, un sillón y pocos elementos más, el espacio se transforma continuamente gracias al trabajo de iluminación, que ayuda a situar la acción y a marcar los distintos momentos sin necesidad de grandes cambios.

En conjunto, Asesinato para dos es una muestra clara de cómo un montaje de pequeño formato puede sostenerse sobre el talento y la precisión. Sin grandes artificios, pero con mucho oficio, consigue atrapar al público y mantenerlo dentro de su juego hasta el final.

Crítica realizada por Lola Barceló

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