
Ópera de Tenerife presentó en el Auditorio de Tenerife la nueva producción Roméo et Juliette de Charles Gounod, donde propuso una versión centrada en el enfrentamiento entre generaciones, yendo más allá de la conocida historia de amor y profundizando en un entorno de violencia que pasa de generación en generación. Toda una declaración de intenciones para ver el clásico de Shakespeare con otra mirada.
André Heller-Lopes, como director de escena ha hecho un trabajo fantástico. Nada más subir el telón nos quedamos cautivados con una estructura que mezcla el período romántico con el New York que nos evoca irremediablemente al del film West Side Story. Dicha idea quedó reforzada con unos espléndidos vestuario y peluquería. Sin duda Heller-Lopes junto a Renato Theobaldo y Sofia di Nunzio forman un equipo que esperamos que continúe por muchos años. Gonzalo Córdova en el diseño de iluminación ha hecho un trabajo excepcional que ha contribuido a hacer de esta puesta en escena algo inolvidable.
En el foso, la Orquesta Sinfónica de Tenerife, dirigida por José Luis Gómez, ofreció una interpretación equilibrada, dando especial cuidado a los matices propios de la partitura de Gounod. Bajo la batuta de Gómez, la sinfónica realizó un excelente acompañamiento a las voces. Nos ofrecieron una magnífica y acertada combinación entre la tensión dramática y los momentos más íntimos de la pareja protagonista.
El Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo, bajo la dirección de Miguel Ángel Arqued, tuvo, como es habitual, una presencia destacada. No solo cumplió y con solvencia en el plano vocal, también se supo integrar perfectamente en la historia, reforzando así la intensidad dramática como si se tratara de un protagonista más. Su intervención aportó vida y color a una representación ya de por sí fulgurante.
En el apartado vocal, el tenor Airam Hernández construyó un Roméo sólido. A pesar de ofrecernos una representación en pleno proceso gripal, hecho que le limitó en la ejecución de la voz, mantuvo una línea estable, resolviendo con seguridad las exigencias del papel.
Por su parte, la soprano Sofía Esparza dio vida a una Juliette muy convincente, destacando en los pasajes más exigentes y afrontando con solvencia las dificultades técnicas de su rol. Su interpretación mostró que es una gran profesional, tanto en lo vocal como en lo escénico, haciéndonos disfrutar de momentos hermosos como cuando cantó el aria Amour Ranime Mon Courage.
Simón Orfila como Frère Laurent aportó presencia y solidez, con un timbre bien proyectado y una interpretación notable. En el papel de Mercutio, Fernando Campero ofreció una actuación muy bien ejecutada, con buena proyección y gran presencia escénica. Christina Campsall, en el rol del Stéphano resolvió su intervención con un excelente, mostrando una voz viva y bien sostenida.
En conjunto, Ópera de Tenerife puede estar bien orgullosa de esta producción, a pesar de las dos cancelaciones que ha sufrido debido al temporal. Ha creado una obra sincera y exquisitamente montada, con un equipo técnico y artístico de diez. Es una propuesta coherente, excelentemente pensada tanto en lo musical como en lo escénico, que mantiene el interés y la emoción durante toda la representación y que consigue emocionar al espectador de principio a fin.
Crítica realizada por Celia García




