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23.03.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Casi ninguna verdad – Crítica 2026

La obra Casi ninguna verdad se representa en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, en la sala Francisco Nieva, como una propuesta del Centro Dramático Nacional que cuestiona los límites de la representación. A través de un dispositivo que simula una conferencia, la pieza evoluciona hacia un juego metateatral sobre el engaño y la construcción de la realidad.

Casi ninguna verdad presenta un texto y dirección de Cris Blanco y una dramaturgia de Cris Blanco, Óscar Bueno Rodríguez y Anto Rodríguez, quien también figura como dramaturgista. El reparto y la colaboración en la creación lo componen Cris Blanco, Óscar Bueno Rodríguez, Nuria Crespo, Gloria March, Norberto Llopis, Espe López, Alberto José Lucena y Julia Romero. El equipo técnico y artístico incluye a María Cabeza de Vaca en el movimiento, Miguel Valentín como ayudante de dirección y Néstor Alonso Moral en el diseño y construcción de utilería. La escenografía es de Pablo Chaves, el vestuario de Marta Orozco Villarrubia y la ayudantía de ambas áreas de Amalia Elorza Izagirre. La iluminación es de CUBE BZ (María de la Cámara y Gabriel Paré), la música de Óscar Bueno Rodríguez y el sonido de Felipe Lara Pardo.

Hace tres años en la sala de la Princesa del Teatro María Guerrero, me asomé a ese agujero en el espacio y tiempo que era Pequeño cúmulo de abismos, y releyendo lo que escribí ese octubre de 2023, me transporta a la misma sensación que en este marzo de 2026, Casi ninguna verdad es un montaje con una energía, un carácter y una personalidad que no es común ver en escena y en programaciones de «los teatros grandes», al que siento que se le va la fuerza a costa de una estructura demasiado dilatada, ensimismada en la repetición. Muy posiblemente Cris Blanco es la creadora que mejor entiende y lleva a escena la ciencia ficción, con un deje costumbrista y conciencia de clase extraordinarios, y la escenografía de Pablo Chaves nos traslada a ese mundo cañí, al Madrid menguante de los bares de raciones, a la sinfonía de una ciudad de Madrid, Ext. de Cavestany, a los letreros rescatados de Paco Graco, y al contar historias delante de un botellín y de unas amigas incrédulas.

Anoche estuvimos en el cumpleaños de F. en el Oculto, y un grupo de guiris y un donostiarra con gafas llegaron con Gwyneth Paltrow y al cerrar me comentaron que si creía que podían llevar a Gwyneth a la sauna. Yo les dije que obviamente no, pero que lo más importante era si Gwyneth era consciente de la gay trap que le estaban montando. Yo a Gwyneth la vi, pero no hablé con ella. L. si estuvo un rato hablando con ella y me dijo que era maja, y claro, es que estudió en Talavera de la Reina asi que hablaron en castellano. Hoy a L. sus amigos no le creen en el grupo de Whatsapp, y le dicen que menudo colocón llevaba para contar esto. Yo estaba ahí y yo le creo. Un día vino Cate Blanchett pero iba con su hija y como era menor le dijeron que lo siento Cate, pero no puedes entrar con tu hija, ni porque seas Cate Blanchett. Anoche también había un chico que era dos centímetros mas alto que Jacob Elordi y le dije si era consciente de que Jacob Elordi se estaba convirtiendo en una unidad de medida y me miró raro y ni siquiera se me quiso presentar. Yo podría decir que anoche en Oculto hablé con Jacob Elordi después de ser deportado por USA, pero sería mentira. Jacob mide dos centímetros menos que este chico.

Cuanto mas pienso Casi ninguna verdad, más me divierte su autoconsciencia, su echarle mucha jeta y su guiño vacilón al público al que introduce en un bucle narrativo con variaciones donde ya no sabes si algo es verdad, pero es que tampoco engaña: Casi ninguna verdad. Todo el reparto está fantástico y es imposible elegir si la Carmen de Espe López, o el obrero con una frase de Norberto Llopis, o el heavy que versiona a Sting con base de reggeaton de Óscar Bueno Rodríguez, superan a la Cris Blanco con labios neumáticos, el policía de Alberto José Lucena, la Gloria March abducida o el cuerpo de baile de Nuria Crespo y Julia Romero.

Anoche hablando con M. en el Oculto justo comentaba que quizás conocer todo lo que si es verdad de la Casi ninguna verdad de Cris Blanco elevaban la experiencia de la propuesta, pero claro, todas no podemos ser amigas de Cris Blanco ni estar en CBCU (Cris Blanco Cinematic Universe), pero precisamente el añadir la capa de «la verdad» en la autoficción, es la aportación extra que hace referente a Cris Blanco de las escénicas, aunque, como ya le dijo Madame Jasmine en el 2008, le haya ido bien en su carrera, aun teniendo que vivir en un pueblo de Ávila.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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