
Barcelona se ha convertido durante unos días en la capital de la fermentación con la celebración del FRMNT Festival, un encuentro que reúne a productores, cocineros, divulgadores y curiosos para explorar el universo de los alimentos fermentados. Stands, degustaciones, talleres y showcookings han convertido el festival en un auténtico laboratorio gastronómico abierto al público.
El festival, organizado por Lambicus y Ferment Project, se celebra hasta el lunes 16 de marzo en el espacio cultural de Nau Bostik, en Barcelona. Este antiguo complejo industrial reconvertido en polo cultural se ha transformado durante estos días en un auténtico laboratorio gastronómico: frascos, barricas, burbujeos y aromas ácidos llenan el recinto e invitan a la exploración culinaria. Entre sus patios y espacios abiertos, el público puede recorrer un mosaico de propuestas que demuestra hasta qué punto la fermentación se ha convertido en uno de los territorios más estimulantes de la gastronomía contemporánea.
Y es que caminar por los stands del FRMNT Festival es realizar un auténtico viaje por los sabores en transformación. Kombuchas artesanas que desprenden una fina efervescencia —como las de Kombucha La Valiente— conviven con intensas gaseosas a base de jengibre o confituras artesanales de cerveza de Zizinia. También encontramos kimchis de intensidad explosiva y encurtidos crujientes que forman parte de los platos de Ferment9, helados creados especialmente para la ocasión por delaCrem, o la edición especial de una cheesecake de Joncake elaborada con base de koji. A todo ello se suman bebidas fermentadas que reinterpretan tradiciones ancestrales, como el hidromiel de Aeshi o el makgeolli —vino de arroz tradicional coreano— de The Sool Company, conformando un panorama sorprendentemente diverso.
En el apartado cervecero, en esta edición pudimos disfrutar de dos propuestas muy distintas entre sí. De la mano de Lambicus, saboreamos una cuidada selección de cervezas belgas entre la que destacó la Boon Geuze Sélection: una cerveza de aromas frescos y afrutados, con notas cítricas y un final largo e intenso que deja en boca un equilibrio suave con toques amaderados y de vainilla. Por su parte, Brebel Beer presentó dos novedades sorprendentes. Su FREE IPA Sin Alcohol, cargada de lúpulos Mosaic y Citra, mantiene todo el sabor y el aroma de las IPAs clásicas sin presencia de alcohol. Y su Brutale, una cerveza achampañada que recuerda a un cava o a un vino blanco —aunque no contiene uva—, elaborada con una levadura de Champagne y un proceso especial que da como resultado una cerveza muy seca, de alta graduación (10,5 % vol), con aromas a vino blanco y una interesante acidez.
El apartado vinícola tampoco se quedó atrás. Allí encontramos propuestas como las de Ouiea Vins y El Jardí dels Sentits. El primero apuesta por vinos naturales elaborados con mínima intervención en su nano celler, vinos creados con paciencia y reposo que destacan por su frescura y personalidad, especialmente en sus ancestrales. Aunque quizás el mayor descubrimiento fue su vino dulce, sorprendente y lleno de matices. El segundo proyecto nace de unas viñas familiares heredadas que han crecido hasta exportar sus productos a todo el mundo. Entre sus elaboraciones destacan su gama Baby Bubbles (BB) y Correfoc, vinos vibrantes y llenos de carácter.
Por último, no faltaron los productos de Kefirko, materiales con los que poder preparar fermentados en casa; y Gastrocultura Mediterránea, bajo su marca TöuFood, quienes trabajan para el mundo de la restauración ofreciendo productos que permiten poner en práctica las más conocidas técnicas de la cocina moderna. Gracias a ellos, se pueden realizar recetas innovadoras con facilidad, aportando emoción y sorpresa a los platos, ofreciendo una experiencia culinaria estimulante y memorable.
Y es que cada mesa del festival se convierte así en una pequeña historia gastronómica. Muchos de los productores presentes comparten una misma filosofía: recuperar técnicas tradicionales y adaptarlas a los gustos actuales, apostando por elaboraciones artesanales, ingredientes de proximidad y procesos naturales. El resultado es un diálogo constante entre tradición e innovación que refleja el momento de efervescencia que vive el mundo de los fermentados.
La fermentación, al fin y al cabo, es un proceso vivo. Cada lote evoluciona, cada ingrediente reacciona de manera distinta y cada productor desarrolla su propio lenguaje. Esa diversidad se convierte en uno de los mayores atractivos del festival, donde cada degustación puede transformarse en un descubrimiento inesperado.
Uno de los grandes atractivos del FRMNT Festival son también sus talleres y showcookings en directo, que permiten al público observar cómo estos productos se integran en la cocina contemporánea. Cocineros y especialistas comparten técnicas, recetas y conocimientos que ayudan a entender mejor estos procesos y cómo pueden aplicarse tanto en casa como en la gastronomía profesional.
Durante las demostraciones, los asistentes descubren cómo un miso puede aportar profundidad a una salsa, cómo los encurtidos equilibran un plato o cómo las bebidas fermentadas están encontrando cada vez más espacio en la coctelería moderna. Más que simples clases de cocina, estas sesiones funcionan como una puerta de entrada a un universo gastronómico que combina ciencia, paciencia y creatividad.
Más allá de la degustación, el FRMNT Festival también pone de manifiesto la existencia de una comunidad cada vez más amplia interesada en la fermentación. Productores independientes, cocineros curiosos y aficionados a la gastronomía comparten conversaciones entre frascos, probetas improvisadas y mesas de degustación.
En los últimos años, los fermentados han ganado protagonismo tanto en restaurantes como en proyectos artesanales y publicaciones gastronómicas. Parte de este interés responde al deseo de recuperar técnicas tradicionales y procesos más sostenibles, pero también al atractivo culinario de unos sabores intensos, complejos y profundamente característicos.
Eventos como este funcionan así como un punto de encuentro donde productores y público pueden intercambiar ideas, descubrir nuevos productos y confirmar que la fermentación ha dejado de ser un territorio de nicho para convertirse en una corriente creativa dentro de la gastronomía actual.
El FRMNT Festival demuestra, en definitiva, que la fermentación no pertenece únicamente al pasado. Muy al contrario, continúa evolucionando gracias a una nueva generación de cocineros y artesanos que exploran sus posibilidades gastronómicas.
Entre barricas, frascos y burbujas, el festival dibuja un escenario en el que tradición e innovación conviven con naturalidad. Y deja una conclusión clara: los fermentados ya no son solo una curiosidad culinaria, sino una de las herramientas más estimulantes para repensar el sabor en la cocina contemporánea.




