
En la mesura de l’impossible se representa en el Teatre La Biblioteca en Barcelona como quien abre un expediente confidencial ante el público. Teatro documental sin estridencias. Y una pregunta flotando en el aire: ¿hasta dónde estamos dispuestos a implicarnos?
La producción de La Perla 29 nos adentra en el día a día de varios trabajadores humanitarios destinados en zonas de guerra. A partir de testimonios reales, la obra dibuja el mapa emocional de quienes negocian con militares, visitan prisiones, coordinan hospitales de campaña o median entre bandos enfrentados. No se trata de mostrar la violencia explícita, sino de revelar la tensión ética que implica actuar bajo el principio de neutralidad cuando el horror es evidente. El conflicto no está solo fuera; también anida en la conciencia de quienes intentan sostener la dignidad en medio del desastre.
La dirección de Cristina Genebat apuesta por una sobriedad que roza lo quirúrgico. Genebat coloca la palabra en el centro y limpia la escena de cualquier tentación melodramática. Todo fluye con una precisión casi invisible, como si la directora hubiera decidido apartarse para que el testimonio respirara por sí solo. Y, sin embargo, su mano está en cada pausa, en cada transición, en cada silencio que pesa más que un discurso entero.
La dramaturgia de Tiago Rodrigues —construida a partir de entrevistas a miembros del Comité Internacional de la Cruz Roja— es un ejercicio de equilibrio entre documento y poesía. El texto no busca la lágrima fácil ni la denuncia panfletaria; prefiere la complejidad moral, la duda, la contradicción. La estructura fragmentada permite que cada testimonio funcione como una pieza autónoma y, al mismo tiempo, como parte de un engranaje mayor que habla de humanidad, límites y responsabilidad.
En escena, Joan Amargós, Màrcia Cisteró, Andrew Tarbet y Elena Tarrats asumen cada uno un único personaje, reforzando la dimensión humana del relato. Amargós compone desde la contención, dejando que la grieta emocional asome sin necesidad de subrayados. Cisteró construye un personaje firme, con una ética sólida que se tambalea en los momentos justos. Tarbet ofrece una interpretación sobria y muy terrenal, apoyada en la escucha y en una presencia serena que sostiene la tensión sin aspavientos. Tarrats aporta una sensibilidad delicada, dibujando un retrato donde conviven la vulnerabilidad y la determinación con una honestidad que traspasa la cuarta pared. Los cuatro trabajan desde la verdad, sin exhibicionismos, al servicio del testimonio.
El apartado técnico dialoga con esa desnudez formal. La música, el sonido y el vídeo en directo de Mar Orfila (Mürfila) envuelven la escena con una atmósfera discreta que amplía el espacio sin imponerse. La escenografía de Bibiana Puigdefábregas apuesta por la funcionalidad y la sugerencia, creando un entorno versátil que se transforma con pocos elementos. La iluminación de Guillermo Gelabert acompaña la narración con sobriedad, marcando los distintos momentos del relato y aportando profundidad sin distraer la atención de la palabra. Unos claroscuros muy marcados para las historias que se explican. Por último, el vestuario de Gina Moliné refuerza la identidad profesional de cada personaje desde la sencillez, coherente con el tono documental del montaje.
En la mesura de l’impossible no busca el aplauso fácil ni la conmoción inmediata. Es un montaje que se instala lentamente en la conciencia del espectador y lo acompaña más allá de la sala. En un mundo saturado de imágenes de conflicto, esta pieza nos invita a detenernos y escuchar. Y en esa escucha, incómoda pero necesaria, reside su auténtica fuerza.
Crítica realizada por Norman Marsà




