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09.02.2026 Críticas / Crónicas, Música  
Toon Story – Gira FSO – Crítica 2026

La Film Symphony Orchestra regresó anoche a L’Auditori de Barcelona con Toon Story, una propuesta sinfónica que convierte la música de animación en un viaje emocional compartido. Se trata de la segunda parada de la gira en la Ciudad Condal, dentro de un tour que reafirma el sólido vínculo entre la FSO y un público fiel y entregado.

Lejos de plantearse como una simple concatenación de melodías populares, Toon Story articula un relato musical que apela directamente a la memoria colectiva. Las partituras que han acompañado a varias generaciones encuentran aquí un nuevo espacio de resonancia, despojadas de la imagen cinematográfica pero cargadas de intención narrativa. El mérito reside en no tratar la nostalgia como un recurso fácil, sino como un material que, bien trabajado, puede sostener un concierto completo sin perder profundidad ni coherencia.

Al frente de la orquesta, Constantino Martínez-Orts volvió a demostrar por qué su figura resulta esencial en el proyecto de la FSO. Su dirección combina claridad gestual, control del equilibrio sonoro y una notable sensibilidad para el tempo, cualidades que permiten que cada pieza se desarrolle con naturalidad. Martínez-Orts evita el subrayado excesivo y confía en la fuerza interna de las partituras, logrando que el discurso musical fluya sin caer en lo meramente ilustrativo.

El repertorio de la noche recorrió algunos de los títulos más emblemáticos del cine de animación, poniendo en valor la riqueza de compositores fundamentales del género. Las obras de Alan Menken —con fragmentos de La Bella y la Bestia, Aladdín o Pocahontas— destacaron por su lirismo melódico, sostenido por unas cuerdas expresivas y unos vientos que supieron matizar cada transición con elegancia. En contraste, la música de Hans Zimmer para El Rey León aportó una dimensión más física y rítmica, con una presencia contundente de metales y percusión que llenó la sala sin perder control ni precisión.

Las partituras de Randy Newman para Toy Story ofrecieron algunos de los momentos más sutiles del concierto. Interpretadas con ligereza y sentido del humor, evitaron el sentimentalismo fácil y dejaron ver la sofisticación armónica que se esconde tras su aparente sencillez. Por su parte, la música de John Powell en Cómo entrenar a tu dragón permitió a la orquesta desplegar amplios crescendos y un impulso épico bien dosificado, construyendo una tensión emocional que fue creciendo de forma orgánica. El contrapunto llegó con la energía rítmica de la suite de Tom y Jerry, donde la precisión del conjunto resultó clave para sostener un tempo exigente y lleno de cambios.

Durante toda la velada, la FSO mostró un alto grado de cohesión. Las cuerdas mantuvieron un sonido compacto y flexible, los vientos aportaron color y carácter a cada bloque temático, y la percusión actuó como motor narrativo en muchas de las piezas más reconocibles. Este equilibrio permitió que la música adquiriera autonomía dentro de la sala, evitando la sensación de estar ante una simple evocación cinematográfica.

Es cierto que Toon Story se apoya en un imaginario profundamente ligado a la nostalgia, y que su estructura responde más a un recorrido emocional que a un planteamiento sinfónico clásico. Sin embargo, la propuesta asume esa condición sin complejos y la convierte en virtud. El público no solo reconoce las melodías, sino que conecta con ellas desde un lugar íntimo, generando una experiencia colectiva difícil de replicar en otros formatos.

Los aplausos finales confirmaron la buena acogida de esta segunda cita barcelonesa. Toon Story no pretende redefinir la música de cine, pero sí reivindicarla desde el respeto y el oficio, recordando que estas partituras, nacidas para acompañar imágenes animadas, poseen una fuerza expresiva capaz de sostenerse por sí sola. En manos de una orquesta sólida y de una dirección consciente del valor de la emoción bien construida, el recuerdo compartido se transforma, una vez más, en una experiencia plenamente musical.

Crítica realizada por Norman Marsà

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