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05.02.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Els objectes flotants (després de la tempesta) – Crítica 2026

Els objectes flotants (després de la tempesta) llega al Teatre Akadèmia de Barcelona como una experiencia escénica que se adentra sin miedo en el territorio del duelo y la reconstrucción emocional. Un montaje íntimo y valiente que convierte la pérdida en materia teatral y al espectador en cómplice de un viaje profundamente humano.

La obra parte de las vivencias reales de Tessa Harry y Montse Clotet, dos mujeres que quedaron viudas de manera inesperada y coincidieron en un grupo de duelo. De esos encuentros nació el Club de las vi(u)das, un espacio de intercambio de experiencias, textos e ilustraciones que visibiliza el proceso del duelo y los desafíos de reconstruir la vida tras la pérdida. En escena, esta crónica íntima se expande a través de tres intérpretes que combinan palabra, movimiento y música para explorar el vacío que deja la muerte y la manera en que las pequeñas “cosas que flotan” —los recuerdos, las emociones, los vínculos— sostienen a quienes continúan adelante.

La dirección actoral evita los tópicos del teatro testimonial para buscar una verdad escénica más cruda y orgánica. Carles Fernández Giua logra que la experiencia del duelo no se presente como una lección, sino como una vivencia compartida, donde cada gesto y cada silencio parecen surgir de un lugar genuino. La sensación es la de estar observando a personas que transitan emociones auténticas más que a intérpretes en escena; un reto que la dirección resuelve con un notable equilibrio entre la intensidad emocional y la economía del gesto.

Por su parte, la dramaturgia, firmada por Irene Vicente Salas y el propio Carles Fernández Giua, se construye a partir de materiales surgidos del testimonio de Tessa y Montse, reconfigurados para la escena con sensibilidad y riesgo. Lejos de optar por una estructura lineal clásica, la pieza se articula en fragmentos que dialogan como recuerdos, como páginas sueltas de un diario emocional. La mezcla de documental y ficción subraya el carácter híbrido del montaje y su voluntad de difuminar las fronteras entre lo vivido y lo representado.

El trabajo interpretativo es, sin duda, el verdadero motor emocional de Els objectes flotants (després de la tempesta). Anna Sahun y Elena Gadel sostienen la función desde una verdad escénica desarmante, alejadas de cualquier tentación melodramática. Ambas trabajan desde la contención, permitiendo que el dolor aflore en miradas, silencios y respiraciones que dicen mucho más que el texto. Sahun aporta una fragilidad serena, casi suspendida, mientras que Gadel introduce una energía más terrenal y combativa, creando un contrapunto emocional especialmente rico. A su lado, Ariadna Montfort convierte el cuerpo en un canal expresivo fundamental: su trabajo físico y coreográfico traduce lo indecible, aquello que no puede formularse con palabras, dotando al montaje de una dimensión poética y sensorial imprescindible.
El equilibrio entre las tres intérpretes es notable y genera una escucha mutua constante, haciendo que la escena respire verdad y que el espectador sienta que asiste no a una representación, sino a un acto de entrega compartida.

En el apartado técnico, Els objectes flotants (després de la tempesta) apuesta por una sobriedad muy consciente que refuerza el discurso escénico sin imponerse nunca sobre él.

La escenografía de Xesca Salvà se construye desde la sugerencia más que desde la literalidad: un espacio limpio, casi desnudo, que funciona como territorio emocional y permite que recuerdos, ausencias y cuerpos lo habiten con libertad. Cada objeto adquiere un peso simbólico preciso, convirtiéndose en extensión del estado anímico de las intérpretes.

La iluminación, firmada por Lluís Serra, desempeña un papel clave en la dramaturgia visual del montaje, modulando atmósferas con delicadeza y precisión. Claroscuros, transiciones suaves y focos íntimos acompañan los distintos estados del duelo sin subrayarlos en exceso, dejando espacio a la emoción del espectador.

El vestuario de Marina Valls se compone de líneas sencillas y tonos contenidos, reforzando la idea de cotidianidad y verdad y evitando cualquier artificio que distraiga del núcleo humano del relato.

Y, en cuanto al espacio sonoro y musical creado por Joan Cot Ros, este se integra de forma orgánica en la acción, funcionando como un hilo emocional que envuelve la escena y dialoga con el movimiento y la palabra sin imponerse nunca como protagonista.

Todo el engranaje técnico está al servicio de una premisa clara: crear un espacio de intimidad compartida donde la emoción fluya sin barreras y alcance al público, demostrando que, en ocasiones, menos es mucho más.

Els objectes flotants (després de la tempesta) confirma que el teatro puede ser un lugar de encuentro honesto cuando se atreve a despojarse de artificios. Su fuerza no reside en la espectacularidad, sino en la coherencia entre forma y contenido, en una puesta en escena que confía en la palabra, el cuerpo y el silencio como herramientas dramáticas. En un panorama escénico donde a menudo se confunde emoción con exceso, este montaje apuesta por la contención y la verdad, convirtiéndose en una experiencia que perdura más por lo que despierta que por lo que muestra. Un trabajo que invita a volver al teatro no para escapar de la realidad, sino para mirarla de frente.

Crítica realizada por Norman Marsà

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