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02.02.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Wicked, El Musical cumple 100 funciones

El Nuevo Teatro Alcalá de Madrid se ha vestido de glamuroso verde y rosa para celebrar la función número 100 de Wicked, El Musical. El pasado 28 de enero, las puertas de Munchkinland y Oz se abrieron una vez más para que el público de la capital disfrutara de uno de esos títulos imprescindibles para cualquier amante del teatro musical.

Es casi impensable haber vivido los últimos dos años sin saber qué es Wicked. Y, sin embargo, la historia de las brujas de Oz forma parte de la cultura musical desde su estreno en Broadway en 2003, cuando Winnie Holzman adaptó la novela de Gregory Maguire —a su vez una reinterpretación de El mago de Oz de L. Frank Baum— para dar forma a un musical con una banda sonora ya mítica firmada por el maestro Stephen Schwartz. Desde entonces, el espectáculo se ha traducido a más de quince idiomas, ha sido visto por más de sesenta millones de espectadores en todo el mundo y ha cosechado más de un centenar de premios, incluidos Tony, Drama Desk y Grammy. Todos ellos, más que merecidos.

En España, Wicked, El Musical aterriza de la mano de ATG Entertainment, con dirección de David Serrano, adaptación de Alejandro Serrano y el propio David Serrano, y dirección musical de Joan Miquel Pérez, en una producción que demuestra ambición y respeto por el material original.

La historia se despliega sobre los ya icónicos ladrillos amarillos que unen Munchkinland con la tierra de Oz. Pero aquí Dorothy no es más que un eco lejano, un ruido de fondo. El verdadero centro del relato es la relación entre Elphaba, la futura “bruja malvada”, y Glinda, la “bruja buena”, y el proceso que da forma a sus leyendas antes de las casas voladoras y los zapatos de rubí.

Nuestra Glinda —perdón, Ga-Linda— llega en burbuja voladora y cobra vida en la piel de Cristina Llorente, veterana del musical que brilla desde la primera nota. Su interpretación se mueve con inteligencia entre la ingenuidad y lo irritante: una universitaria rubísima, no tan tonta como parece, faro de purpurina rosa en un mundo que pronto se tornará más oscuro. Es durante esa etapa estudiantil cuando se cruza —y se ve obligada a convivir— con Elphaba, una joven de talento desbordante y escaso control emocional cuyo principal motor vital es cuidar de su hermana Nessarose, interpretada con sensibilidad por Lydia Fairén.

Bajo la piel verde de la futura “bruja malvada” encontramos a Cristina Picos, enfrentándose a uno de los roles más exigentes y comparados del teatro musical contemporáneo. Lejos de achicarse ante referentes como Idina Menzel o Cynthia Erivo, Picos se sitúa a la altura con solvencia y personalidad propia, defendiendo números como Desafiando la gravedad con potencia vocal y verdad interpretativa. El resultado es un elenco sólido, equilibrado y notable tanto en lo actoral como en lo musical.

Para quienes ya hayan tenido el privilegio de disfrutar de Wicked en Broadway, el West End o incluso en pantalla grande, conviene aclararlo: aquí no está todo visto. La producción española presenta una propuesta visual completamente nueva, con escenografía, vestuario, iluminación, decorados, arreglos musicales y coreografías propias. Un despliegue que incluye más de mil piezas de vestuario, un escenario que parece auténticamente mágico y una orquesta en directo absolutamente impecable.

Un viaje completo en una sola noche: desde la puerta del Nuevo Teatro Alcalá hasta el castillo del Mago. Advertencia final: no se recomienda acudir con zapatos de rubíes.

¡Ah! Y felicidades por estas 100 funciones desafiando la gravedad. A por muchas más.

Crítica realizada por Ariadna Ortega

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