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26.01.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Maria Magdalena – Crítica 2026

Cinco actrices, un actor, una compositora y un pintor se suben al escenario de la Sala Gran del Teatre Nacional de Catalunya en Barcelona para hilar, a través de una trama personal, la historia de Maria Magdalena y a través de ella de todas las mujeres silenciadas por la historia, azotadas por la esquizofrenia del tratamiento de la mujer desde el prisma cultural católico.

Carme Portaceli e Inés Boza dirigen esta coproducción entre el TNC y el KVS (Teatro Real Flamenco) de Bruselas escrita por su director artístico Michael De Cock (Achter de Wolken, Bovary, Mrs. Dalloway) con traducción de Albert Boronat.

La trama se vertebra a través de tres líneas: una narrativa-hilo sobre una profesora universitaria que debe dar una conferencia sobre la figura de Maria Magdalena mientras se divorcia e intenta luchar por la custodia de su hija, diferentes análisis sobre la iconografía, orígenes y invisibilización de la figura de la propia Maria Magdalena, y un análisis sociológico más generalizado sobre la anulación de las mujeres desde la religión judeocristiana y la dicotomía de la mirada masculina sobre la mujer (vírgenes pero sexys, calladas excepto para alabar, con exigencias de nivel mucho más altas que a un hombre), todo lo cual se funde con la aparición de un curioso Jesús portugués (Romeu Runa) que quizás sea solo un taxista o tal vez la mismísima Segunda Venida…

Como viene siendo habitual en este tipo de producciones del TNC, se combinan disciplinas: se canta (maravillosa soprano albano-belga Ana Naqe y la ya conocida y siempre solvente Míriam Moukhles), se baila, se interpreta (las ya mencionadas, la protagonista Ariadna Gil, su complemento místico en Anna Ycobalzeta, Gabriela Flores), se crea arte en vivo (pinturas de Alessandro Arcangeli, música en directo de Laia Vallès) y con grabaciones (como la de la joven actriz Clara Do). Hay momentos oníricos y didácticos, hay sororidad, hay reivindicación y espacios personales.

Es un espectáculo que hace uso del gran tamaño de la Sala Gran con grandes proyecciones, escenarios múltiples simultáneos, máquinas de humo, baile, momentos íntimos, momentos con el público… Hay mucho, y variado para ¿afrontar la cuestión desde varios puntos de vista? No realmente, en ese sentido la tesis de la obra es bastante unidireccional, pero sí para ver sus repercusiones en varios ámbitos.

Lo que queda es la sensación de que las más de dos horas de espectáculo son innecesarias. A partir de cierto momento, de Maria Magdalena ya queda poco que decir y solo es reiterar lo ya dicho y finalizar la trama personal de la protagonista, pero tras un inicio potente y varios instantes posteriores logrados, queda una sensación de «suma y sigue» que yuxtapone sin enriquecer más lo ya dicho. Esto podría ser mucho más potente como obra de hora y media. Contrapuesto, por ejemplo, con la reformulación histórico-didáctica de Terra Baixa de hace tres temporadas, también a cargo de Portaceli, y donde cada minuto aportaba algo nuevo maravilloso, este montaje pierde enteros.

Muy buen nivel de todas las intérpretes, que forman un creíble grupo de amigas, y quizás por encima de todas el trabajo de Romeu Runa como un memorable y poliédrico Jesús. Destacable diseño de iluminación de David Picazo y la creación musical (y el personaje de la IA) de Laia Vallès. El de Arcangeli, pintando en directo muchas de las videoproyecciones, pasa más desapercibido que está creándose en tiempo real salvo para los espectadores más atentos de la mitad inferior de la sala. El conjunto es interesante y necesario, y sería aún más interesante si fuera más preciso en la organización de los tiempos teatrales.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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