
La cartelera teatral barcelonesa acoge Supersàpiens, una versión expandida y de gran formato de Sàpiens, texto de Roc Esquius estrenado en 2018 en la Sala FlyHard. Este nuevo montaje abandona la intimidad de su origen para convertirse en una experiencia inmersiva que fusiona teatro, tecnología y artes visuales, ampliando así la ambición de su discurso.
La obra nos sitúa en un futuro cercano y gira en torno a Valentí Muntaner, Consejero de Salud, cuya aparente estabilidad se ve alterada por la visita de una mujer misteriosa. Lo que comienza como una crítica a los límites de la medicina oficial deriva progresivamente en una reflexión inquietante sobre el control, la libertad y la cesión de decisiones humanas a una inteligencia superior.
Supersàpiens plantea así una pregunta tan incómoda como pertinente: ¿estamos preparados para dejar de tener el control?
El crecimiento del espectáculo no es solo narrativo, sino también físico. De una pequeña sala del barrio de Sants (Barcelona) se pasa a una nave industrial de 2.000 metros cuadrados en la calle Llull, en pleno Poblenou, con capacidad para 400 espectadores por función. Este cambio de escala responde a una clara voluntad de romper con las convenciones del teatro tradicional y convertir al espectador en parte activa del dispositivo escénico desde su llegada al espacio. Solo avanzado el espectáculo se revela plenamente el engranaje lumínico y sonoro que sostiene la propuesta, logrando que el mensaje cale con fuerza y haga sentir al público parte de algo mayor, casi colectivo.
La puesta en escena, concebida por Sergi Belbel junto a Josep Iglesias, destaca especialmente por el diseño lumínico y sonoro de Playmodes, compañía especializada en arquitectura de la luz y dramaturgia espacial. El resultado es un entorno envolvente que mantiene al espectador en un estado de tensión constante. El sonido, completamente inmersivo, emerge desde todos los ángulos y provoca una respuesta física inmediata; la luz, por su parte, construye un universo geométrico y abstracto que dialoga con el tono frío y distópico del relato. El escenario deja de ser un mero soporte para convertirse en un agente activo que interpela directamente al público. La estética remite inevitablemente a referentes como Ex Machina, Gattaca, Mr. Robot o Black Mirror: arquitectura corporativa, minimalismo tecnológico y una atmósfera aséptica que refuerza la inquietud.
El texto de Roc Esquius se mueve con soltura entre la ironía y la amenaza latente. Su mayor virtud reside en la verosimilitud de lo que plantea: un futuro que no parece lejano, sino inquietantemente próximo. La función activa un persistente murmullo interior que acompaña al espectador durante los escasos ochenta minutos de duración, sembrando dudas y despertando preguntas que no se disipan fácilmente al abandonar la sala.
Por su parte, la dirección de Sergi Belbel es sólida y precisa, articulando un dispositivo escénico perfectamente engranado, en el que nada parece quedar al azar. Todo avanza con un ritmo medido que permite que el impacto conceptual y sensorial llegue con claridad.
Por último, en el apartado interpretativo, Enric Cambray y Marta Torné afrontan un trabajo exigente y lleno de matices. Ambos construyen personajes complejos desde una interpretación contenida pero intensa, capaz de sostener la tensión dramática sin recurrir al exceso.
Supersàpiens es una obra que no busca tranquilizar ni ofrecer respuestas cerradas. Su verdadero logro reside en incomodar, en obligar al espectador a cuestionar su relación con el poder y la toma de decisiones. Al apagarse la última luz, queda la sensación de que el futuro que se nos ha mostrado quizá ya esté en marcha. Y que, tal vez, no tengamos tanto control como creemos.
Crítica realizada por Norman Marsà




