
Desde mediados de noviembre y hasta enero, el Teatre La Biblioteca de Barcelona acoge Natale in casa Cupiello. Oriol Broggi recupera esta pieza de Eduardo de Filippo, de 1931, quince años después de haberla montado por primera vez con la compañía que él mismo dirige. El reestreno llega con parte del elenco original y la voluntad de revivir este clásico del dramaturgo napolitano.
La propuesta de Broggi se articula desde el respeto a la estética y el pulso originales. Todo sucede en el interior de la casa de los Cupiello, con apenas dos cambios de escena (volveremos sobre ello). El movimiento lo imprimen los personajes: sus entradas y salidas, idas y venidas, arremolinándose en torno a los elementos —la cama, la mesa, los sillones y el célebre pesebre— que configuran el espacio escénico que ha diseñado Paula Bosch con minucioso cuidado. El vestuario, firmado por Bàrbara Glaenzel y Berta Riera, añade aún más realismo a esta historia costumbrista, con lo que la platea expectante se siente inevitablemente transportada a un hogar napolitano de clase media-baja de principios del siglo XX.
En el plano interpretativo, el reparto al completo destaca por su excelente trabajo. Todos los actores han encontrado el ritmo de la función desde el primer compás hasta el último. En un escenario reducido, la sensación es la de un hormiguero en movimiento, pero con una precisión milimétrica que delata la preparación previa: cada pieza encaja sin perder la marca de naturalidad que sostiene la obra.
Entre todos los actores, merece mención especial el espectacular trabajo de Pep Cruz como Lucarie Cupiello, papel que ya interpretó en el primer montaje. No sorprende que Broggi lo haya seleccionado de nuevo, quince años después. Este cabeza de familia, desganado ante la vida y aferrado solamente a la ilusión de montar su pesebre en Navidad, desprende bondad y cariño hacia los suyos, sin mostrar demasiado espíritu para nada más. Pep Cruz encarna con precisión y ternura a este hombre, y brilla en una interpretación que sostiene el corazón de la obra.
Marissa Josa, intérprete siempre impecable, vuelve a demostrar por qué es una de las habituales en el teatro de Broggi. Su Concetta Cupiello es la matriarca por excelencia: una mujer de su casa, de las de antes, que sostiene la estructura familiar con firmeza. Josa se viste de mamma napolitana y ofrece una interpretación que rebosa cariño. También brillante está Lluís Marquès como Tomassino, el hijo menor —aunque ya no tan joven, por mucho que se empeñe—, que regala los momentos más cómicos de la función y equilibra con humor las pequeñas tragedias cotidianas.
El resto del reparto mantiene una cohesión absoluta con el montaje y con el espíritu de La Perla 29. Marcia Cisteró —también habitual, y con razones—, Joan Arqué, Ramon Vila, Eduard Paredes, Jordi Coromina y Noël Olivé completan un elenco que nos permite disfrutar, una vez más, del peculiar teatro de Eduardo de Filippo. Entre los momentos memorables destacan los coreografiados cambios de escena, que involucran al público como si el barrio entero irrumpiera en la casa de los Cupiello.
El Teatre La Biblioteca mantiene en su programación dos vertientes claras: la trágico-dramática y la cómica. Natale in casa Cupiello se inscribe en esta segunda, una comedia que entretiene y hace disfrutar, pero que preserva las notas de calidez y emoción que caracterizan el teatro elegido por Broggi. El director maneja el ritmo con excelencia, equilibrando humor y melancolía en una obra que, más allá de la risa, reflexiona sobre la fragilidad familiar y el paso del tiempo. Quizá por eso la platea se llena función tras función: porque cualquier espectador sale con algo más que entretenimiento; abandona la sala con la impresión de haber vivido teatro en su máxima expresión.
Crítica realizada por Diana Limones




