
La era digital, la hiperconectividad, la exigencia de estar siempre al día y tomar posición. Presión, ansiedad, desconcierto. ¿Y si la única salida fuera dejar de pensar? ¿Seguir la corriente? Desde ese lugar emerge Del fandom al troleo. Una sátira del bla, bla, bla, dirigida por Berta Prieto, que estos días se presenta en el Teatro de la Abadía de Madrid.
La obra sigue a dos figuras centrales: Paula Miró, una ciberactivista que decide “ser tonta para dejar de sufrir”, y Ximena White, cineasta ambiciosa que pretende retratarla en un biopic. La historia se abre en dos direcciones para explorar los caminos opuestos de estas mujeres: la primera anhela liberarse de sí misma, diluir su presencia; la segunda necesita ser vista, formar parte de la conversación y crear algo que trascienda.
En clave de comedia gamberra —y por momentos musical, con canciones compuestas por Belén Barenys, una de las protagonistas— la pieza ironiza sobre las angustias de la juventud contemporánea como una forma de alivio. Aligera el peso de tanta autoexigencia, permitiendo una pausa a través de la risa. El humor funciona aquí como un salvoconducto ante un mundo que se vuelve cada día más absurdo y agotador.
Tras su estreno el año pasado en la Sala Beckett de Barcelona —que también coproduce el montaje—, la propuesta llega a Madrid con una recepción entusiasta. Berta Prieto, creadora de la serie Autodefensa y de piezas teatrales como Derecho a pataleta, se consolida como una de las voces más estimulantes de su generación.
La pieza se articula como un sistema de planos superpuestos, cada uno con su propio tono y densidad, hasta formar un conjunto que juega con múltiples niveles de ficción. Prieto diseña un montaje híbrido entre lo teatral, lo performativo y lo metateatral, donde se filtran los sueños, dudas y ambiciones de las intérpretes. Hay algo eléctrico en ese desajuste deliberado, como si el escenario respirara para dejar entrar lo inesperado.
El reparto, eminentemente Z —Belén Barenys, Roser Dresaire, Irene Moray y Laura Roig Farrás— irradia una energía nacida de la cultura digital que las atraviesa. Frente a ellas, Judit Martín, única representante de la generación X, actúa como contrapunto y espejo, recordando que en cada diálogo intergeneracional siempre se asoma una forma distinta de mirar el mundo.
Del fandom al troleo. Una sátira de bla bla bla señala el vértigo de una generación que vive entre la sobreexposición y el agotamiento, pero lo hace sin solemnidad, sin cargar el aire. Frente a la obligación de ser ejemplares, Prieto propone algo tan sencillo como liberador: tomarnos menos en serio. Es, en cierto modo, un recordatorio de que la vulnerabilidad también puede ser cómica.
Crítica realizada por Judith Pulido




