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10.12.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Adiós a la bohemia — Crítica 2025

Ópera de Tenerife cierra 2025 con una versión intimista y conmovedora de Adiós a la bohemia. Con libreto de Pío Baroja y música de Pablo Sorozábal, esta ópera chica se presentó en el Auditorio de Tenerife los días 5 y 6 de diciembre, demostrando una vez más que a la hora de escoger programación, siempre apostarán por innovar y sorprender.

Esta obra arrancó con un prólogo teatral, que consistía en un diálogo íntimo entre Baroja y Sorozábal. A lo largo de la conversación entre los maestros, se presentaron varios números musicales que lo que hacían era seguir el hilo de la conversación. Todo transcurrió en un escenario que representaba cualquier café de barrio madrileño de la época, triste y sombrío y en donde nunca, o casi nunca pasa nada. Unos personajes y un entorno a priori sencillos y sin estridencias, pero a la vez cargados de honestidad y de un cúmulo de emociones.

El prólogo, a cargo del actor Juan Calot, como Baroja y del tenor Joan Laínez, como Sorozábal, aportó un contexto valioso y necesario. Nos muestra las razones del por qué de esta ópera chica y nos conectó con sus creadores. Calot y Laínez resultaron ser unos Baroja y Sorozábal muy creíbles y entrañables.

La dirección musical al frente de la Sinfónica de Tenerife corrió a cargo de Víctor Pablo Pérez, quien apostó por un planteamiento sobrio, dejando que la historia fluyera por sí sola. Dio muestras una vez más de que la experiencia es un grado y que en el manejo de la batuta no hay pieza que se le resista. La Sinfónica no fue menos y supo responder con solidez a las indicaciones del maestro.

El Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo, en esta ocasión bajo la dirección de Santiago Otero, a pesar de no tener un papel muy significativo, aportó consistencia en los momentos necesarios sin nunca robar el protagonismo al resto de componentes.

La soprano Jaquelina Livieri en su papel de la Trini manifestó de forma especialmente sensible la fragilidad y anhelo de su personaje. Cantó con fuerza y transmitió presencia logrando conmovernos, en especial en su versión de la Romanza de Ascensión. Por su parte, el barítono Juan Jesús Rodríguez encarnó a un Ramón muy digno. Hizo gala de una voz muy potente, siendo diestro a la hora de hacer las inflexiones que exigían los cambios en su interpretación.

Aunque la obra no tuvo momentos espectaculares, su peculiaridad está en justo lo contrario, su discreción y en ser una obra castiza llena de nostalgia, ternura y amor. Y justo en eso es donde reside su belleza. Dicha belleza fue reconocida por un público que le dedicó un prolongado y efusivo aplauso.

Crítica realizada por Celia García

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