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05.12.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
La corona d’espines – Crítica 2025

Xavier Albertí vuelve al teatro que dirigió durante varios años con un ambicioso proyecto. En el Teatre Nacional de Catalunya en Barcelona se reúnen grandes nombres de la escena teatral para recuperar un título esencial del repertorio catalán: La corona d’espines que Josep Maria de Sagarra escribió en 1930 y que se suma a la lista de clásicos revisitados por el TNC.

La dramaturgia despliega una riqueza que atraviesa lo visual, lo emocional y, sobre todo, la palabra. Situada en el corazón de Catalunya, en la Solsona de 1793, en plena Revolución Francesa y con la guillotina resonando tras la muerte de Luis XVI y María Antonieta, Sagarra compone un poema dramático en verso con tres actos que se sumergen en profundas temáticas universales: el trato a la mujer, el amor imposible y la hipocresía que se oculta tras las apariencias.

Albertí, quien también se encarga de la composición musical, muestra un respeto absoluto por la pieza, manteniendo el texto original y apostando por una escenografía minimalista pero evocadora, junto a un vestuario y caracterización minuciosos que logran transportar a la platea a la época. De la primera se encarga Max Glaenzel, fiel a su estilo, con un espacio escénico sobrio y elegante. Por su parte, Sílvia Delagneau y Marc Udina, junto a Toni Santos en la parte de caracterización, firman un trabajo artesanal en telas, bordados, pelucas y tacones que aporta la opulencia requerida. Un deleite visual que acompaña con precisión la musicalidad del verso de Sagarra.

En la interpretación, Àngels Gonyalons se erige como el indiscutible centro de gravedad de la obra. Marta, la criada, sostiene la atención tan solo con su presencia. Su fuerza escénica es magnética incluso durante los silencios, y su bis dramático se intensifica en cada interacción. En un registro opuesto, Júlia Roch ilumina la escena interpretando a Mariagneta, un personaje que alcanza su plenitud en el monólogo final, donde caminan juntas la fragilidad y su verdad.

Abel Folk, como el Senyor de Bellpuig, es la apuesta segura de Albertí para encarnar al rufián hipócrita y descarnado, mientras Jan D. Casablancas, en la piel de Eudald, quien parece desajustado al inicio, acaba regalando una interpretación que crece en el desenlace final.

El resto del elenco lo completa un sólido conjunto de actores y actrices que aportan gran riqueza a este montaje de gran formato. Rosa Vila, Oriol Genís, Manel Barceló, Pau Oliver, Roger Vilà, Laia Valls i Jordi Domènech firman excelentes interpretaciones, dejando una huella imborrable en la propuesta de Albertí.

La corona d’espines es una creación estéticamente poderosa que obliga a la platea a escuchar teatro y a reflexionar sobre quiénes somos hoy, más de dos siglos después. Albertí levanta una corona de espinas de una belleza hiriente, rescatando parte de nuestra historia y presentando, con la sensibilidad que lo caracteriza, el dolor que esconden los secretos. Esta producción de teatro en mayúsculas del TNC iniciará gira en 2026 por toda Catalunya consolidando, de seguro, su lugar en la escena catalana.

Crítica realizada por Diana Limones

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