
El pasado 16 de noviembre, Auditorio de Tenerife albergó un nuevo estreno de Ópera de Tenerife, El Holandés Errante de Wagner. Esta producción ha apostado por la multimedia y los efectos visuales, dándoles un papel destacado. Combinado esto con potentes interpretaciones teatrales, hizo de esta propuesta una de las más intensas que se hayan presentado recientemente.
Ninguna obra Wagneriana deja indiferente y aquí el maestro no escatimó en los ingredientes necesarios para dar poder a su creación, dotándola de emoción, intensidad y dramatismo. Usó el mar y una tormenta casi continua para llevarnos a un viaje oscuro pero a la vez cargado de humanidad.
Una de las aportaciones más importantes en esta producción fue, sin duda, la dirección musical de Guillermo García Calvo. Realizó una lectura brillante y profunda, sin aspavientos pero conservando la elegancia de las notas. Fue un verdadero deleite verlo dirigir a la sinfónica con tanta destreza y cuidado. La Orquesta Sinfónica de Tenerife respondió como es habitual con una efectividad admirable, poniendo su granito de arena para hacer que la música tuviera la fuerza necesaria durante las dos horas de concierto.
El equipo de producción realizó una tarea magnífica al crear una atmósfera oscura y represiva, ambiente en el que Senda se tenía que mover. Tanto la escenografía, a cargo de Noelia González, como el vestuario de Luciana Gutman, y el diseño de iluminación de la mano de José Luis Fiorruccio, fueron elementos clave para generar un ambiente asfixiante que habló por sí mismo.
Gracias al excelente trabajo de Miguel Ángel Arqued, el Coro Ópera de Tenerife-Intermezzo hizo una magnífica aportación, especialmente en momentos en los que el ritmo tendió hacia la monotonía. No solo sonó impecable, sino que actuó con convicción, integrándose perfectamente en la atmósfera dramática.
En el papel del maldito y atormentado Holandés, Anton Keremidtchiev ofreció una actuación de gran oscuridad. Quizás hubiera sido de más impacto haber subido unos grados su expresividad, pero en general Keremidtchiev nos brindó un Holandés correcto.
La Senta de Ángeles Blancas fue un plus. Su particular voz, de enorme intensidad, llenó el auditorio con fuerza. Construyó a una Senta determinada a ser fiel a su condena y salvación a pesar de las voces en contra. Blancas fue sin duda la estrella de la noche.
Vazgen Gazaryan, como Daland, aportó un papel firme y convincente. Su interpretación combinó la humanidad del padre con la ambición del que ansía riquezas. Por su parte, Airam Hernández nos brindó un Erik vocalmente impecable, aportando profundidad al drama emocional de su personaje.
Esta propuesta de Ópera de Tenerife fue, en definitiva, una producción que supo entender el mensaje que Wagner quiso transmitir en su El Holandés Errante. No era solo una historia de maldición, sino un espejo del anhelo humano de ser comprendido y salvado. Y así, entre mareas y sombras, el mito desapareció haciendo que nos preguntáramos si el precio de su salvación mereció la pena.
Crítica realizada por Celia García




