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26.11.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
El entusiasmo – Crítica 2025

En El entusiasmo, obra dirigida por Pablo Remón que puede verse en el Teatro María Guerrero de Madrid, presenciamos la ternura incómoda y la comedia patosa de una pareja en sus cuarenta que observa y reflexiona, entre la risa y el llanto, sobre el rumbo que han tomado sus vidas. ¿Somos autores de nuestra existencia o simplemente personajes?

«En la mediana edad hay misterio, hay perplejidad. (…) Es como si hubiéramos tomado un camino equivocado, pero ¿cuándo? Imposible saberlo». Esta cita del escritor norteamericano John Cheever se recitaba en Vania x Vania, la obra anterior de Remón y su relectura del clásico de Chéjov. Para el autor, aquella obra es el punto de partida de El entusiasmo: si en Vania x Vania predominaban personajes devorados por la apatía, aquí opta por figuras que desean sentir de nuevo, recuperar el impulso vital que creían definitivamente perdido. Volver a entusiasmarse.

Mediante una interesante estructura de cajas chinas, en la que perviven relatos dentro de relatos y se entremezcla la realidad con la ficción, el director mantiene vivo el interés en una historia que, en realidad, vemos cada día. Sus personajes son una pareja con hijos que busca escapar a toda costa del piloto automático y que, sin embargo, observa con terror cómo sus vidas se parecen peligrosamente a las de muchos otros, cómo resultan aterradoramente similares a las de sus propios padres. Una vida que, en su juventud, juraron no tener.

Toni es un escritor que espera dar por fin el gran salto, escribir su gran novela. El miedo lo contrae. Olivia es periodista, con grandes ambiciones laborales a sus espaldas, pero también con el peso profundo de la maternidad. Ambos se sienten atrapados. A pesar de que su vida se ha vuelto sosa y sin chispa, es en sus cabezas —en sus anhelos, deseos, reflexiones, melancolías y destellos de alegría— donde nos mantienen en vilo durante toda la obra.

A esto ayuda, sin duda, el elenco: uno de los mayores aciertos de la propuesta. Francesco Carril y Natalia Hernández firman trabajos llenos de encanto, desparpajo y una humanidad que sostiene la pieza con sorprendente naturalidad. Junto a ellos, Marina Salas y Raúl Prieto ofrecen interpretaciones sólidas que completan el universo de la obra con ritmo y coherencia. El cuarteto funciona como un engranaje preciso, demostrando un dominio notable del tempo cómico y de la sutileza emocional.

La puesta en escena opta por un lenguaje cercano al cine, más depurado y menos arriesgado en su exploración del espacio teatral. La escenografía de Mónica Boromello, aunque eficaz, parece responder más a una lógica narrativa que a una potencia visual propiamente escénica. La iluminación de David Picazo acompaña con precisión, sin interferir, pero sin atreverse a intensificar los matices que el texto sugiere. Todo ello deja la sensación de un espectáculo cuidadosamente construido, pero algo contenido en sus posibilidades teatrales.

En conclusión, El entusiasmo es una obra que combina humor, melancolía y verdad con una facilidad aparente que solo se logra desde la experiencia y la sensibilidad. Aunque la propuesta escénica podría asumir más riesgo, Remón firma un retrato generacional que impacta por su honestidad y ternura.

Crítica realizada por Judith Pulido

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