
La compañía Hongaresa Teatre ha estado celebrando este 2025 sus tres décadas de trayectoria. La Sala Beckett de Barcelona se suma a la efeméride acogiendo, durante noviembre, El camino de la sal. El texto, con autoría de Paco Zarzoso, nace para Lara Salvador y Sergi Torrecilla y se concibe como un deseo de explorar nuevos territorios escénicos.
La pieza transita por varios géneros en un recorrido intimista: parte de la tragicomedia, se adentra en el drama, coquetea con el teatro contemporáneo y roza el metateatro. Paco Zarzoso plantea un montaje que funciona casi como un diálogo terapéutico compartido con el espectador. Poco puede adelantarse de la trama sin desvelar sorpresas, salvo que el interés crece a medida que personajes y público descubren el juego escénico. La obra arranca con intrigas que se revelan poco a poco. Leyendo entre líneas, el espectador se asoma a la mente de los creadores y descubre sus dudas, sus miedos y sus frustraciones artísticas.
Sergi Torrecilla (Él) y Lara Salvador (Ella) encarnan a la pareja protagonista, que inicia su viaje en un refugio cercano al histórico camino de la sal, un sendero del Rincón de Ademuz donde antaño se intercambiaban bienes —miel, harina, lana— por algo tan preciado como la sal. Ese refugio y el trueque se convierten en metáforas que sostienen la dramaturgia de Zarzoso, quien también irrumpe en escena para compartir el espacio con sus intérpretes.
En lo interpretativo, el elenco es un auténtico lujo. Torrecilla confirma su versatilidad al transitar de la comedia a la emoción más profunda en una sola función. Su último monólogo corta el aliento y sumerge a la platea en un silencio absoluto. Salvador aporta frescura pero, a la vez, intensidad, brillando especialmente en los pasajes cómicos. Y Zarzoso, esperado y celebrado, irradia complicidad al compartir escenario con sus amigos.
En el plano técnico, se confirma que una escenografía sencilla puede arropar con solvencia un montaje. Claudia Vilà recurre a una gran puerta de madera negra para dividir espacios, mundos e historias, mientras la iluminación de Mingo Albir —a veces discreta, otras protagonista— aporta ritmo y atmósfera. La parte sonora, firmada por Jesús Salvador “Chapi” y Carlos Salvador, complementa la función con precisión y sensibilidad.
El camino de la sal se desnuda capa a capa, y al igual que un plato, necesita tiempo para alcanzar su punto justo. Es un ejercicio teatral poco habitual —similar a Los Watson de Laura Wade, aunque en clave minimalista— que invita a jugar por igual a autor, intérpretes y espectador. La compañía Hongaresa Teatre, con un recorrido que promete seguir dando alegrías, confirma una vez más su sello: originalidad, frescura y una aportación valiosa al tejido teatral contemporáneo.
Crítica realizada por Diana Limones




