
Por segundo año consecutivo, el Teatre Coliseum de Barcelona presenta El Tenoriu. Protagonizado por Andreu Buenafuente y Silvia Abril, y dirigidos por Carles Sans, este jocoso Don Juan Tenorio llena noche tras noche las exclusivas funciones que, esperemos, se conviertan en una tradición como las de antaño.
Dirigida por Carles Sans y con dramaturgia de Israel Solà, El Tenoriu es una producción de EL TERRAT (The Mediapro Studio) que revisita al clásico Don Juan Tenorio desde el humor y la mirada contemporánea. Silvia Abril y Andreu Buenafuente reestrenan esta comedia que nació con la voluntad de recuperar el espíritu del Don Juan de Joan Capri y Mary Santpere, una versión mítica que, durante la década de los setenta, se convirtió en una tradición teatral de la festividad de Todos los Santos y llenó los teatros de Barcelona año tras año. El público esperaba con deleite ver a Capri hablando castellano y una Doña Inés, alta como un San Pau, bailando y cantando tangos. Una estampa divertida y jocosa a lo que el Tenorio nos tenía acostumbrados y que llenaba butacas noche a noche.
Ahora, parece ser que esta tradición está reflotando gracias a los «sueños sudorosos» que Buenafuente y Abril tuvieron hace unos años en los que Capri y la Santpere les visitaban, noche sí y noche también, mientras les obligaban a poner en pie esta tradición que, hasta ahora, había quedado en desuso. Y, la verdad, ¡como me alegro de que los fantasmas hayan presionado tanto!
El Tenoriu es un evento anual que ya tardaba en recuperarse. Mira que hay obras y (otras cosas) que se han ido recuperando año tras año; pero hasta ahora, parecía que nadie había decidido recuperar una propuesta tan canalla y divertida como esta. Si bien es cierto, pocas parejas cómicas tenemos en nuestro país que pudieran hacer esta función. Era de senda obligación buscar dos caras conocidas que arrastraran un público tan heterogéneo y variado como el que se ve en la platea del Coliseum. Pero, por fin, en algún momento de 2023-24, El Terrat se dio cuenta que las caras necesarias para el proyecto estaban en su casa. Concretamente una pareja real, Andreu y Silvia, podrían interpretar este rol tan jocoso. Pero, claro, es que Andreu Buenafuente no es actor (debieron pensar).
Cábalas extrañas a parte, Buenafuente dio el paso y decidió sobrepasar su zona de confort como presentador y monologuista televisivo para poder pisar con fuerza y decisión las tablas de un teatro. Porque para poder hacer los programas que él hace, la profesión de actor se lleva dentro como procesión. Solo un pequeño empuje le hizo falta para enfundarse unas mallas (con zapatillas deportivas, eso sí) y el destacable traje rojo abombachado de Don Juan.
Por su parte, Silvia Abril, una todo terreno en todo lo que hace, me da que pensar que fue una de las instigadoras para poder llevar este proyecto a su fin (algo de lo que no tengo confirmación; pero tampoco dudas). Su Doña Inés -y demás personajes que tiene en escena-, es algo que le viene como anillo al dedo. Personajes que dan rienda suelta a la locura que tanto ama el público de ella y con la que éste disfruta cuando se toma sus licencias «poéticas» y arrasa con todo.
Ambos, constituyen una pareja a la que El Tenoriu le queda perfecto. Actualmente, no encuentro una pareja mejor que pudiese ofrecer este tronchante espectáculo. Y es que, es harto difícil (casi imposible) poder recoger el testimonio de aquella pareja histórica, Capri y Santpere, y ofrecer una sátira moderna, bilingüe y desacomplejada que deje satisfecha a todo el teatro.
Para conseguirlo, Abril y Buenafuente han vuelto a contar con la participación de tres grandes co-protagonistas que dejan bien alto el nivel de comedia: Anna Bertran, David Olivares y Roger Julià. Cada uno muy diferente al resto (esa es la mejor elección), consiguen complementarse como quinteto para ofrecer un espectáculo digno de lo esperado. Conocedores del ritmo y comedia que El Terrat profesa, nos presentan unos personajes secundarios que, en ocasiones, consiguen opacar a los principales y nos hacen llorar de risa. Bertran, Olivares y Julià tienen su amplio espacio en escena y despliegan toda su grandeza para ofrecernos unos personajes hilarantes que recordaremos con cariño y risas en nuestras conversaciones posteriores a la función. Buenafuente y Abril no han tenido miedo de jugar con la Premier League del humor; es más, han encontrado a los mejores para poder interpretar los roles adyacentes y ofrecernos un producto digno en todos sus aspectos.
En la parte de dirección, adaptación y dramaturgia, Carles Sans y Israel Solà realizan un gran trabajo que cabe que mencionar. Si bien es cierto que el anterior Tenoriu estaba plagado de couplés y bromas tópicas de la época que actualmente han quedado trasnochadas y en desuso, estos dos grandes han sabido actualizar todos los chascarrillos y licencias post verso para acercar el texto a la versión actual y a sus dos grandes protagonistas. No tenemos couplés o tangos, tenemos reggetoneo; no tenemos chascarrillos antiguos y desactualizados, tenemos pullas directas a la sociedad e, incluso, a la misma pareja protagonista… Y es que esto es lo que hace que la comedia funcione: las supuestas salidas de guión en los que los protagonistas hacen continua referencia a sus vidas, al poco tiempo que pasan juntos fuera de la escena y/o la televisión, a su edad (que no falte) con sus achaques y sus cambios de peso, a eso que tanto nos hace reír en televisión y que tan bien han sabido adaptar y traer sobre las tablas.
Pero no solo eso, ya que esta versión del Tenoriu va más allá de la figura de Don Juan y pone el foco en los personajes femeninos, dándoles voz, deseo y protagonismo. La obra se adentra en este nuevo punto de vista donde Don Juan sigue siendo su protagonista pero, en ocasiones, los personajes alrededor se vuelven algo más protagonistas de lo esperado, reivindicando su posición en la historia en la que —como los personajes masculinos— se mueven por impulsos tan humanos como el placer y tan elevados como el amor.
Tras disfrutarlo desde la butaca del Teatre Coliseum, solo puedo soñar con que esta función vuelva a convertirse en lo que anteriormente fue. Algo recurrente, una tradición que no se pierde, una obra que, año tras año, vuelve en sus mismas fechas a representarse en el mismo teatro. Una tradición más arraigada que el Turrón Suchard para Navidad (pero el bueno, el original; no esas *** de sabores). De momento ya van dos años con entradas agotadas antes de iniciar funciones y, atención, porque volverán de nuevo en 2026 y las entradas ya están a la venta. Así que, si aun no lo has visto (¿cómo puede ser?), vete entrando en la web de Balaña y resérvate la fecha en negrita, cursiva y coloreado psicodélico en tu calendario, porque esta tradición bien lo merece.
¡Por muchos años de El Tenoriu!
Crítica realizada por Norman Marsà




