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03.11.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Todos pájaros – Crítica 2025

¿Cómo llega a convertirse uno en enemigo de sí mismo? A partir de esta pregunta nace Todos pájaros, pieza del reconocido dramaturgo libanés Wajdi Mouawad, que vuelve a Teatros del Canal de Madrid por segundo año consecutivo bajo la dirección de Mario Gas.

La obra, que se desarrolla en torno al conflicto israelí-palestino, sigue la historia romántica entre un judío alemán y una árabe estadounidense. En una suerte de Romeo y Julieta, los amantes tratan de sobrevivir a su amor en un contexto en el que su herencia cultural intenta constantemente separarlos. El amor y sus consecuencias vitales; la confrontación entre identidad personal, familiar y social; y la guerra, con su barbarie, su odio, su rabia y el valor de la memoria, se entremezclan en este texto dramático que consigue visibilizar la tragedia con delicadeza y respeto.

Con este texto tan directo, Wajdi Mouawad busca reflejar una intimidad profunda con poética y filosofía y, aunque su propuesta es interesante, en ciertos puntos la densidad con la que trabaja el texto, que alcanza las tres horas de duración, se vuelve un nudo que se ahoga en sí mismo.

Mouawad toca muchísimos palos y, aunque su pieza tiene coherencia narrativa, su carga emocional y lírica desajusta en momentos la conexión. Cabe destacar que la obra, en su versión dirigida por Gas, pierde fuerza siendo representada por completo en castellano, pues fue concebida desde el principio como un cruce de lenguas que fractura a los personajes y aporta un sentido narrativo más complejo.

No es la única decisión que resta fuerza a la pieza. La escenografía, llana y austera, se ve envuelta por la presencia constante de una pantalla donde se proyectan visuales que, por un lado, contextualizan el espacio y tiempo en el que se encuentran los personajes y, por otro, tratan de reiterar junto con la música la poética del texto.

La interpretación, en esta producción, se asenta mucho más en la inteligencia que en el instinto. Aunque correcta, el texto parece apoyarse en una artificiosidad narrativa. Los actores mayores sostienen el peso emocional con un trabajo mucho más orgánico, más respirado, menos técnico, que conecta más con el público y con la propia obra.

En definitiva, el resultado es una pieza pertinente y delicada en su mirada al conflicto, que toca temas importantes y de necesaria visibilización, pero menos potente de lo que aspira.

Crítica realizada por Judith Pulido

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