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24.10.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
L’Amor venia amb taxi – Crítica 2025

La compañía teatral catalana La Cubana vuelve a la carga con una nueva propuesta que puede disfrutarse en el Teatre Romea de Barcelona. L’amor venia amb taxi de Rafael Anglada es la excusa perfecta para que la compañía haga lo que bien sabe hacer: extender una carta de amor al teatro.

L’amor venia amb taxi es uno de los grandes títulos del teatro de aficionados catalán, un texto estrenado en el mismo Teatre Romea en 1959 y que casi todas las compañías de aficionados de Cataluña han representado en uno u otro momento. Sin embargo, como ocurre con La Cubana, nada es lo que parece, y L’amor venia amb taxi resulta ser sólo un pretexto para poner sobre el escenario lo que realmente quieren hablar: El amor por las compañías teatrales amateur.

Este espectáculo musical de La Cubana es un merecido homenaje al teatro de aficionados de Cataluña, destacando la importancia que han tenido estas compañías en el tejido cultural del país. Un tipo de teatro querido por todos y amado por muchos de sus integrantes y ex-integrantes a los que ha regalado vida y felicidad; y en el que más de un profesional ha empezado su carrera teatral.

La historia se sitúa en la época de cuando se estrenó la obra en el Romea, en pleno franquismo, entre la década de los 50 y los 60, ya que se trata de un momento que fue el núcleo de muchos eventos. En ello, podremos conocer a una compañía teatral muy variopinta en personas y edades, que se juntan para hablar del nuevo espectáculo musical que van a preparar para esta nueva temporada.

Como toda compañía teatral catalana de aficionados que se precie, tras las clásicas representaciones navideñas de Els Pastorets hay que pensar qué obra van a representar esta temporada y, obviamente, repartir los papeles. No todo será fácil. Rifirrafes, historias personales, cotilleos, cambios y más cambios, afectarán al grupo teatral en sus ensayos semanales.

Jordi Milán, director de La Cubana nos acerca un espectáculo musical que hace las delicias del público presente. Aunque algo extenso para mi viejas rodillas (hubiera agradecido un intermedio), L’amor venia amb taxi es una genialidad que alabar. Un montaje dinámico, divertido, lleno de mensaje y amor a la profesión.

El hilarante guión escrito a tres manos por Jordi Milán, Toni Sans y Rubèn Montañá nos presentará, uno a uno, a todos los integrantes de la compañía, haciendo una radiografía de su persona y su vida general: quién son, dónde viven, quién es su familia… En un abrir y cerrar de ojos, sabremos de qué pie cojea cada uno, y sentiremos que los conocemos de toda la vida. Viviendo el día a día con ellos, veremos cómo la compañía pone en pie un nuevo espectáculo, lo que esto supone para ellos, y los sacrificios que deben hacer para llegar a la fecha de estreno.

Y como no podía ser de otra forma, La Cubana no sería lo que es sin la participación del público presente; algo por lo que abogan profundamente. Como es costumbre, el público se verá interpelado en varias ocasiones, esta vez de una forma muy simple y no tan invasiva como ocurría en otros montajes. Esta forma de hacer tan cubanesca, ayuda a que sintamos el montaje cercano y propio. Formamos parte de él y nos implicamos sin miedo: somos un personaje más de la obra. Algo que ayuda a sacarnos una sonrisa al sentirnos vistos y escuchados.

Como el mismo Jordi Milán indica, «En 1959 pasaron muchas cosas que nosotros referenciamos al espectáculo, desde el famoso manifiesto de la revista Destino hasta el desarrollo urbanístico de la época, las grandes figuras artísticas del momento, las salas emblemáticas de la ciudad… Todo esto queda reflejado en el espectáculo. Es un espectáculo con mucha música, con unos intérpretes que cantan de estupendamente bien, y donde hemos recuperado muchas canciones y melodías de la comedia musical catalana de la época que, junto con la música de Joan Vives y Xavier Mestres, conforman la banda sonora de esta producción».

No más puedo darle la razón en este sentido. El elenco al completo realiza un arduo trabajo interpretativo que hace las delicias del respetable. Ellos no interpretan, se transforman en los personajes. Anna Barrachina, Xavi Tena, Maria Garrido, Nuria Benet, Montse Amat, Bernat Cot, Oriol Burés, Laia Piró, Toni Sans, Victor G. Casademunt, Rubèn Montañá, Albert Mora y Ariadna Clapés exudan comedia y genialidad pura.

Junto a ellos, Xavier Mestres dirige una modesta orquesta de músicos-actores que están siempre presentes en la función, puesto que son los músicos de la obra que se está ensayando. Ferran Casanova, Laia Ferrer Vila, Helena Capdevila, Xavi Sánchez y Jan Espinach Rota pondrán el excepcional acompañamiento musical en esta olla de grillos que es el Centre Parroquial Nostra Senyora de la Llum.

En la parte técnica, me gustaría destacar el trabajo de escenografía ideado por La Cubana y Castells Planas, los decorados originales de Germans Salvador recuperados por ShowTex y Helena Salvador, el eficaz diseño de luces de Kiko Planas y el sonido de Jordi Ballbé, el vestuario y creación de personajes realizado por La Cubana, Leo Quintana, Raúl Herrera y Jan Alexander Romero, y la labor de peluquería realizada por Raúl Herrera. Un compendio que ayuda a elevar el espectáculo a la genialidad que presenciamos. Solo con disfrutar de los cambios de escena imposibles y ver la variedad de personajes y vestuarios que hay sobre las tablas, ya nos damos cuenta que la maquinaria que hay detrás de los telones es sencillamente impecable.

De nuevo, La Cubana nos vuelve a enamorar con un musical made in Cubana hecho a la catalana, combinando el género musical con todos los ingredientes típicos de la compañía: humor, sorpresas, participación del público, color, ritmo desenfrenado y, sobre todo, mucha diversión. Un imprescindible en las noches barcelonesas.

Crítica realizada por Norman Marsà

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