novedades
 SEARCH   
 
 

22.10.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Akhnaten – Crítica 2025

El Gran Teatre del Liceu de Barcelona acoge el estreno nacional de Akhnaten; la esperada ópera de Philip Glass con producción de Phelim McDermott y la voz de Anthony Roth Costanzo. Esta exquisita y vibrante ópera, reconstruye la vida del faraón Akenatón, quien hace 3.500 años impulsó en Egipto una reforma religiosa que establecía un inédito sistema monoteísta.

Tras pasar por Londres, Los Ángeles y Nueva York, el Liceu presenta el estreno absoluto en España una ópera clave del siglo XX, con una espectacular producción firmada por Phelim McDermott. Akhnaten, estrenada en 1984, es el majestuoso cierre de la trilogía de óperas minimalistas que compuso Philip Glass a partir de tres figuras históricas revolucionarias.

Entre 1976 y 1980, Philip Glass estrenó dos piezas de teatro musical —Einstein on the Beach y Satyagraha— que expandieron los límites conocidos de la ópera y la llevaron a otro nivel algo más inesperado. Estas propuestas conquistaron a un público ávido de novedad y abrieron a Glass las puertas para crear otra ópera, Akhnaten, con la que cerró una trilogía sobre figuras históricas revolucionarias.

De las tres primeras óperas de Glass, Akhnaten es la que tiene un lenguaje operístico más próximo a las convenciones, aunque sigue siendo una experiencia cercana al teatro de vanguardia. Incluye partes declamadas y cantadas en inglés, como el aria del protagonista en el segundo acto —hasta entonces, en la música escénica de Glass casi no había texto, o este se expresaba de forma abstracta, como en Einstein on the Beach, o en una lengua muerta, como en Satyagraha—, así como un dúo de amor, un trío y una importante presencia del coro.

La ópera se abre con un preludio que introduce la atmósfera característica de Glass. La primera escena, ambientada en el funeral del faraón Amenhotep III, combina la fuerza del coro y la intensidad orquestal con una percusión contundente. A partir de estudios musicológicos, Glass recrea una posible sonoridad ritual del antiguo Egipto, reinterpretada dentro de su universo minimalista.

En el segundo acto, el dúo Akhnaten and Nefertiti muestra al faraón y a su esposa iniciando una nueva etapa del reinado, la construcción de la ciudad de Atón, la vida de Akenatón en la nueva capital. Este uno de los pasajes vocales más exigentes de la ópera: el contratenor y la mezzosoprano se enfrentan a una tesitura muy alta mientras la orquesta crece progresivamente hasta alcanzar un clímax de intensa fuerza expresiva.

Uno de los momentos más emblemáticos de Akhnaten es el aria Hymn to the Sun, basada en un texto antiguo que, por indicación de Glass, se interpreta siempre en la lengua del país donde se representa. En el Liceu, este himno se escucha en catalán —una adaptación especialmente creada para ajustarse a la música de Glass—, un hecho insólito si se tiene en cuenta que el texto original está en egipcio antiguo. En este pasaje, Akenatón dirige una plegaria al sol tras consagrar la Ciudad del Horizonte al dios Atón. El fragmento, inspirado en una inscripción hallada en las ruinas de Amarna, se atribuye a menudo al propio faraón y constituye el gran momento del protagonista: una extensa aria para contratenor iluminada por un acompañamiento orquestal radiante.

La tercera y última parte nos mostrará la rebelión de los sacerdotes y la eliminación completa de su historia, con un salto temporal hasta el siglo XX que permite contemplar la potencia del mensaje transgresor del faraón, que sigue resonando hoy, 3.500 años después.

Y es que Akhnaten es una ópera que no te deja indiferente. Para los más puritanos, esta puede ser demasiado moderna y extraña pero si nos dejamos llevar por la maravillosa partitura y la extravagante y contemplativa escena, nos daremos cuenta que Akhnaten es el necesario paso de la ópera hacia el futuro.

Ya de por sí, la una espectacular producción firmada por Phelim McDermott nos transporta a un mundo cargado de simbología, ornamentos y referencias al arte egipcio -algo normal si hablamos de un faraón-. Pero con una escenografía bastante sencilla y minimalista, McDermott hace que nos centremos en una acción escénica vibrante. Con una escenografía sencilla a la vista, pero que realmente esconde varias partes escenográficas interesantes que darán mucho juego a la historia (sobretodo en la parte del coro y los acróbatas), McDermott consigue centrar nuestra vista y alma en el personaje de Akhnaten, interpretado magistralmente por el multipremiado contratenor Anthony Roth Costanzo. Un papel dificultoso vocalmente pero mucho más complicado en su ejecución escénica bajo el mínimo movimiento corporal. Algo que hipnotiza al público completamente y nos deja con el corazón compungido. Ni un alma tosió (y casi, ni respiró) en la primera parte al vernos completamente ensimismados a su presencia escénica. El trabajo de Anthony Roth Costanzo solo tiene un calificativo: sublime.

Junto a él, Rihab Chaieb nos ofreció una Nefertiti espléndida. Tanto Roth como Chaieb se estrenaban en el templo de la ópera barcelonés y, ciertamente, no podrían haberlo hecho bajo un rol más aplaudido.

Rihab Chaieb estuvo exquisita, afinadísima y segura en sus continuos (y lentos) pasos en escena. Su presencia imponía en escena y su saber estar conquistó a un público que se levantó, cual resorte, al verla aparecer en los aplausos finales. Vítores y más vítores para una actuación excelsa.

La soprano Katerina Estrada Tretyakova se llevó al público de calle en su interpretación de Reina Tye. Una noche en la que su gracia como actriz y cantante derrochó talento por todos los poros de su piel; sobretodo en la interpretación conjunta que tuvo con Anthony Roth Costanzo. No hizo falta letra alguna para que todos entendiéramos y empatizáramos con un momento épico de la ópera. ¡Brava!

Por último, en los papeles principales, destacar el sublime trabajo realizado por el bajo-barítono Zachary James como Escriba. El actor, habitual de los escenarios de Broadway y del West End, debutaba esa noche en el Liceu para ofrecernos un papel prácticamente narrativo. Con una presencia imponente en escena, y una voz bien proyectada y clara, Zachary James se coronaba como uno de los mejores y más aplaudidos de la noche -eso sin cantar una nota-. Su trabajo fue sencillamente espléndido y dejó al público con ganas de más. Ojalá poder verle más por esos lugares.

Los papeles secundarios fueron interpretados por: Joan Martín-Royo y Toni Marsol en los papeles de Horemheb y Aye; José Manuel Montero como Gran Sacerdote de Amón y, por último, las seis hijas de Akenatón y Nefertiti fueron interpretadas por Alba Valdivieso, Carmen Buendía, Mar Esteve, Carol García, Marina Pinchuk y Anna Tobella. Un total de nueve experimentados cantantes locales que dejaron claro que la cantera Española sube con fuerza y ahínco. Una noche en la que todos/as ellos/as estuvieron resplandecientes y a la altura de todos los principales.

Y no me quiero olvidar de la fugaz participación de Nil Rodríguez y/o Naira Oller, quienes se alternan la corta y muda interpretación de Tutankhamon Niño.

Mención especial al Coro del Gran Teatre del Liceu que como siempre, bajo la dirección de Pablo Assante, nos ofreció una espléndida interpretación de la partitura de Glass. No puedo estar más orgulloso del arduo trabajo que realizan en cada ópera de la casa.

La dirección musical estuvo (y está cada noche) a cargo de la maestra estadounidense Karen Kamensek. Experta en el repertorio de Glass, y con una trayectoria que abarca desde la ópera del siglo XVII hasta composiciones contemporáneas, Kamensek nos ofreció una esplendorosa interpretación de una partitura que llegó a hipnotizarnos. Como si de una sesión de meditación se tratase, su interpretación nos relajó y obnubiló al nivel de flotar en la butaca y que no se escuchara nada. Silencio absoluto en el templo de la ópera para disfrutar de este rara avis musical.

Finalmente, mención especial al equipo de acróbatas/figurantes en escena Sean Gandini, Kati Ylä-Hokkala, Benjamin Beaujard, Doreen Grossmann, José Triguero, Caio Sorana, Enrique Navarro, Fernando Torres, Miguel Barreto y Nicolás Fonseca que ayudaron a suplir la limitada acción de la ópera de una forma sorprendente.

De nuevo, con Akhnaten de Philip Glass, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona nos presenta un espectáculo para el recuerdo. Un recuerdo que se convertirá en imborrable si consigues rendirte a su radiante luz.

Crítica realizada por Norman Marsà

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES