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20.10.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
El Fantasma de la Ópera – Crítica 2025

El Teatre Tívoli de Barcelona presenta El fantasma de la Ópera, el musical que ya ha cautivado a generaciones de espectadores en todo el mundo. Desde su estreno en el West End (1986) y en Broadway (1988), el musical ha cautivado a más de 160 millones de personas en 195 ciudades y 21 idiomas, ganando más de 70 importantes premios teatrales.

Inspirada en la novela de Gaston Leroux de 1910, Le Fantôme de L’Opéra, El Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Webber cuenta la historia de una misteriosa figura enmascarada que acecha bajo la Ópera de París, ejerciendo un reinado de terror sobre todos los que la habitan. Esta figura enmascarada y oscura se enamora perdidamente de una joven soprano, Christine Daaé. Su amor desesperado hará que se dedique a cultivar sus extraordinarios talentos, empleando todos los métodos tortuosos a su alcance.

Su espiral de obsesión nos descubrirá una apasionante historia de amor, muerte y desastre entre un genio de la música que vive escondiéndose del mundo en las entrañas de un teatro y Christine, la joven de voz celestial que no tardará en descubrir el terror que esconde bajo su máscara. Intriga, pasión y melodías icónicas a través de un romance apasionante y lleno de misterio.

La versión que podemos disfrutar en gira, y que ahora visita la ciudad condal, es un montaje dirigido por Federico Bellone y musicalmente por Julio Awad. En gira, Xénia Reguant y Miquel Tejada asumen la dirección de actores y dirección musical, respectivamente.

Esta versión que llega al Teatro Tívoli mantiene el espíritu del montaje original del West End, con una puesta en escena espectacular y una historia inolvidable que ha convertido al musical en un referente del teatro mundial. Federico Bellone ha sabido trasladar la esencia del espectáculo y reducirla a su necesaria expresión para que el musical gire sin perder un ápice de su espectacularidad.

La escenografía del propio Bellone junto a Clara Abbruzzesse se adapta perfectamente a las medidas del Tívoli barcelonés. Visto que no es un escenario excesivamente amplio, consigue que la escenografía se sienta creada para el mismo lugar agregándole, con gran inteligencia y mediante preciosos telones, la variedad de espacios necesarios para mostrar la Ópera de París quemada y derruida, la ópera antigua, su cúpula, las catacumbas bajo la misma, etc… A parte de ello, Bellone y Abbruzzesse consiguen sorprendernos con dos cosas que me gustaría destacar. La primera es ese escenario giratorio que hace que el espectáculo cobre un dinamismo perfecto cuando cambiamos de escenas y, en segundo lugar, el mítico momento en el que el fantasma, loco de rabia y dolor, hace caer la lámpara de la ópera. Un momento calculado al milímetro que se siente intenso y nos deja sin aliento.

Junto a la escenografía, destacar el trabajo del diseño de iluminación de Valerio Tiberi y los efectos especiales de Paolo Carta que no dejan de sorprendernos a cada rato. Un diseño bien conjuntado y ajustado que nos presenta un producto de calidad.

Por último, en la parte técnica, me gustaría destacar también el diseño de sonido creado por Roc Mateu. Un sonido espectacular en casi toda la función que nos hace agarrar a la butaca en los momentos más tensos de la obra, y que nos sorprende gratamente en los momentos más icónicos del show. Solo ponerle un pero: no conseguí entender lo que los actores expresaban en las canciones grupales en las que hay más de tres personajes. Algo que se comentó con nuestros vecinos de butacas y que, realmente, debería solventarse, dado que hace que perdamos el hilo de la historia y nos desconecte de la misma.

En la parte actoral, la tarde que acudimos al show disfrutamos de Daniel Diges en el papel de Erik (el misterioso y atormentado Fantasma). Diges nos entregó un personaje enigmático que, poco a poco, queda trastornado de amor y rabia hasta el punto de no distinguir entre sus emociones y el colapso mental que él mismo se crea. Diges nos regaló un trabajo actoral excelente que nos llevó de la mano y no nos soltó hasta su sentido final.

Junto a él, Ana San Martín interpreta a Christine Daaé, la joven soprano que, cual veleta, se encuentra en una dicotomía constante al tener que lidiar entre dos hombres. Y digo lidiar porque desde un inicio veremos que ella está enamorada del apuesto vizconde Raoul Chagny, pero su fascinación por Erik la lleva hacia la locura. Su embrujo hará que dude continuamente y quiera ayudarle, pero su corazón realmente pertenece al vizconde.

Contar con Ana San Martín para este personaje es una decisión más que acertada. Su calidad actoral y adaptabilidad a los personajes que interpreta es sorprendente y su habilidad vocal es sencillamente impresionante. Ese Piensa en Mí que podemos ver en el primer cuadro de la obra, deja claro que su Christine Daaé nos va a calar profundamente (no más así, el público enmudece al oírla cantar por primera vez). Ver como transita de ser una bailarina aceptable a convertirse, en la misma canción, en una dama de la ópera, hará que nos enamoremos de ella tanto como el fantasma (algo que intrínsecamente hará que empaticemos aun más con el tortuoso Erick).

Y no por último es el menos importante en el trío protagonista, Guido Balzaretti nos interpreta al apuesto vizconde Raoul Chagny. Este galán argentino (nadie lo diría al escucharle sobre las tablas, ¿verdad?), nos ofrece una interpretación valiente y cordial de un niño rico que se reencuentra con su enamorada de la infancia y, al verla, no querrá dejar pasar la oportunidad de conseguir lo que no consiguió años atrás. Balzaretti nos ofrece una interpretación majestuosa del galán -odiado por el fantasma- que tratará de salvar a toda costa a su enamorada.

Junto a ellos, destacar también el insigne trabajo de dos parejas de personajes: Marta Pineda y Mario Corberán, como Carlotta y Piangi, las dos primeras figuras de la ópera cuyo ego está siempre por las nubes. Y Enrique R. del Portal como Monsieur André y Omar Calicchio como Monsieur Firmin, los nuevos dueños de la ópera que, realmente, no saben dónde se están metiendo. Ambas parejas se compenetran de una forma sorprendente en escena para entregarnos unas interpretaciones sublimes mezclando una parte de seriedad y una parte cómica. ¡Bravo!

Por último, junto a Isabel Malavia y Sofía Esteve quienes nos entregan unas correctas Madame Giry y Meg, respectivamente; disfrutamos también de un ensemble al completo (Jan Forrellat, Livia de los Riscos, Irene Barrios, Natxo Nuñez, Alejandro Rull, Helena Clusellas, Lola Nájera, Fran Velázquez, Sergi Pedrós, Virginia Esteban, Marina Brisa, Fran León, Darío Gallego, Sonia Gascón; y los swings Natalia Delgado, Alberto Collado y Natalia Pascual) que ayuda a redondear una función que nos sorprendió gratamente y de la que salimos muy contentos.

Mención especial a la orquesta dirigida por el maestro Miquel Tejada que nos entregó una sublime interpretación de la insigne partitura de Andrew Lloyd Webber. Un gran trabajo de seguimiento continuo del actor en los solos que ayudó a hacerla respirar y latir con fuerza en los momentos más destacados.

El Fantasma de la Ópera por fin pisa Barcelona. No tengo duda alguna que será uno de los espectáculos más queridos de estas navidades. Un éxito internacional recreado con cariño que impactará al espectador y que le dejará con ganas de volver en más de una ocasión.

Crítica realizada por Norman Marsà

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