
Tras su estreno absoluto en Bilbao la semana pasada, La mujer rota de Simone de Beauvoir, encarnada por Anabel Alonso y dirigida por Heidi Steinhardt, llega al Teatro Infanta Isabel de Madrid para sobrecoger y emocionar a sus espectadores.
Simone de Beauvoir (1908-1986) ya era un referente del feminismo cuando publicó en 1967 La mujer rota. Un volumen compuesto por tres relatos —La edad de la inocencia, Monólogo y el que da título al libro— en los que esta filósofa francesa examina la fragilidad, la soledad y la desorientación femenina frente a los mandatos sociales. Tres historias en los que muestra el dolor emocional de tres mujeres cuando se resquebraja el soporte afectivo que parecían tener, proceso en el que reflexionan sobre qué les sucede y cómo ven disolverse su identidad en el conflicto entre lo que se espera de ellas y lo que desean para sí mismas.
El montaje teatral que ahora llega a escena es el denominado Monólogo, en el que Murielle llega al límite en el transcurso nocturno entre un 31 de diciembre y un 1 de enero. Drama existencial que Heidi Steinhard traslada a las tablas con gran fidelidad emocional y una propuesta escénica sobria, diseñada por Alessio Meloni, sin elementos decorativos ni efectos superfluos, dejando que el texto y la intérprete ocupen el centro absoluto. La iluminación puntual, firmada por Rodrigo Ortega, evoca esa madrugada en un espacio desnudo dominado por la presencia de Anabel Alonso, por el sonido y el ritmo de su respiración al compás de su relato y su viaje interior.
Alonso realiza un trabajo memorable. Despliega un dominio vibrante del lenguaje, una proyección emocional cuidada y, sobre todo, una capacidad de conexión íntima con cada espectador. No es fácil sostener durante noventa minutos una tensión emocional continua, pero lo logra sin desplantes, con matices cambiantes —irrupciones de ira, pausas de desaliento, momentos de ironía amarga— que hacen creíble ese viaje interior de Murielle. Anabel Alonso demuestra la profundidad de su talento ofreciendo comicidad contenida, ironía melancólica y expresiones sutiles de humor negro que afloran sin romper la gravedad del monólogo.
Este montaje demuestra que este género teatral sigue siendo una apuesta segura cuando se ejecuta con acierto. Un solo cuerpo en escena, un texto fuerte y una propuesta ajustada son suficientes para desplegar una experiencia teatral intensa y viable desde el punto de vista de producción. La mujer rota recuerda otros monólogos emblemáticos como La voz humana de Jean Cocteau (una mujer sola frente al mundo), o trabajos contemporáneos como En mitad de tanto fuego de Alberto Conejero (la voz de un hombre que atraviesa la historia).
En su estreno la semana pasada en el Teatro Arriaga de Bilbao, La mujer rota fue acogida con entusiasmo del público asistente. Ahora le esperan seis semanas en el Teatro Infanta Isabel donde seguirá recogiendo elogios y ovaciones, iniciando una senda de éxito que ojalá llegue después a más ciudades. Para que más espectadores puedan experimentar la vigencia que Simone de Beauvoir imprimió a su texto y que Anabel Alonso ha hecho suya en escena.
Crítica realizada por Lucas Ferreira




