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02.10.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Un Sogre de Lloguer – Crítica 2025

El Teatre Condal de Barcelona recupera, tras su exitoso paso por el Teatre Goya, la comedia Un Sogre de Lloguer. Esta histérica pantomima protagonizada por Joan Pera, nos acerca el humor atropellado que tanto amamos del mítico actor y humorista catalán. Una gran opción para disfrutar de una noche de risas desenfrenadas.

Marçal lleva muchos años sin ver a su padre, un hippie que vive en una autocaravana en el desierto de Australia, así que cuando se ve obligado a organizar una cena para presentarlo a su prometida y a su suegra, que son de clase alta, decide contratar a un actor que se haga pasar por su padre. 
La historia se enreda cuando el actor que está por venir enferma y la agencia acaba enviando un sustituto de última hora, Ramon, un actor de doblaje con poco trabajo, que se implicará tanto en su papel que lo irá complicando todo. Una serie de malentendidos, mentiras y medias verdades, provocarán enredos y situaciones hilarantes, con las que Ramón acabará dándole un giro a la cena y la vida de todos los invitados.

De nuevo, y como ya es costumbre, una nueva y necesaria comedia de enredos protagonizada por Joan Pera ha llegado a la cartelera teatral catalana de la mano de Susanna Garachana y Jaume Viñas. Y digo necesaria porque, realmente, la expectación es tal cual. Lleno absoluto en el Condal para disfrutar de una obra recuperada de la temporada anterior y transferida a un teatro más grande en su expectativa de gran éxito de ventas. No lo vamos a negar, Joan Pera es uno de los artistas catalanes más queridos y sus pantomimas teatrales nos rejuvenecen gracias a las risas que provoca.

Un Sogre de Lloguer está dirigida por Daniel Anglès, director y programador del mismo Teatre Condal. Anglès consigue una cadencia teatral maravillosa que hace que la obra no decaiga en ningún momento. Su ritmo escénico es desbordante, y la locura que se aplica a sus personajes hace que la obra disponga de continuos despegues teatrales que se traducen en risas continuas en el público presente. Anglès ha conseguido llevar una obra que podía parecer repetitiva a un éxito teatral que deseamos volver a ver. Una terapia de la risa muy necesaria.

En la parte actoral, destacar a la estrella del show: Joan Pera. Su excelencia actoral hace que la obra cale en el público incluso antes de que el telón se levante. Todos están a la expectativa y deseosos de sus locuras; así se nota en la divertida advertencia de apagar los teléfonos móviles.

En esta obra, Pera nos presenta a Ramon, un personaje algo patético y descorazonador. Un actor de doblaje al que no le va muy bien económicamente, y al que le ofrecen un papel de sustituto en una función improvisada. Rápidamente, y sin pensar, el actor da el sí. Lo que no sabe es que el trabajo al que ha accedido no es una obra, sino un engaño de un joven a su familia política con intención de lo que acepten como parte de la misma.

La idea, de por sí, ya da rienda suelta al gran Joan Pera a desplegar todo su potencial cómico, pero es que el actor va más allá. Su personaje se hace querer desde el ofrecimiento del trabajo y todo el publico empatiza rápidamente con él en cuanto aparece en la puerta del lujoso piso barcelonés. Sencillamente, no hay palabras para describir el trabajo actoral que Pera realiza sobre las tablas del Condal. Es simplemente mágico, personal y empático.

Junto a él, disfrutamos de Edu Lloveras como su principal compañero en escena. Lloveras interpreta el papel de Marçal, un joven enamorado y soñador que alquila a un suegro ficticio para poder impresionar a su adinerada suegra. Su idea era alquilar a un George Clooney pero esto es lo que le ha llegado.

Su papel dubitativo y sufridor es simplemente admirable y digno de todos los aplausos y vítores. Lloveras consigue mantener un ritmo cómico endiablado durante toda la función, convirtiéndolo en un estrés crónico que hace que su personaje quiera meterse bajo tierra y no salir de allí en meses.
Batallar escénicamente con un peso pesado de la comedia como Pera no es nada fácil, y más si a tu compañero le encanta improvisar y jugar en escena al nivel de volver a todos locos. Una diversión continuada que debes de saber llevar muy bien y con la que Edu Lloveras sale coronado.

Junto a estos dos maestros, encontramos a Júlia Jové como Helena, la prometida de Marçal. Ella ama a Marçal y está allí para ayudarlo a juntar a las dos familias. Aun así, ella no está enterada del plan de su prometido y esto llegará a animar aun más la historia. Jové nos ofrece un personaje cálido, amable, comprensivo y lleno de vitalidad cuya misión principal es la de hacer de puente entre las dos familias. Empatizaremos mucho con ella en el momento en que el plan empiece a despedazarse.

Y, por último, en escena aparecerá el personaje creador de la discordia, al que todo el mundo tiene miedo: Lulu, la suegra de Marçal y madre de Helena, interpretada por la excelente Muntsa Alcañiz. Un personaje adinerado, sin tiempo para tonterías, y muy temido por Marçal. Su posado pijo (como remarcará Ramon en varias ocasiones) destaca sobre los demás y eso la sitúa en un pedestal invisible de superioridad al que ninguno de los demás personajes llegará a acceder. Pero tras sus vestidos de seda y sus joyas, se oculta una persona que ni su hija ha llegado a conocer.

Muntsa Alcañiz nos presenta un personaje dual que hará las delicias del público una vez entre en escena. Aun así, el personaje conseguirá que nuestra opinión sobre ella cambie cuando empiece a abandonar su pose snob y empiece a dejar entrever el trauma que lleva tiempo ocultando tras esa fachada de brillo y glamour.

En la parte técnica, destacar el precioso trabajo de escenografía creado por Enric Planas, la cálida iluminación de Paula Costas y la excelente y remarcable caracterización y vestuario de Núria Llunell.

Un Sogre de Lloguer se convierte así en una visita casi obligada a la cartelera teatral catalana. Un espectáculo que nos abraza rápidamente para darnos la bienvenida a su mundo y que, lamentablemente, debido a su gran disfrute, se nos hace corto.

Crítica realizada por Norman Marsà

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