
EL Teatre Nacional de Catalunya en Barcelona pone en pie su nueva temporada 25/26 de la mano con Marcos Morau y La Veronal con La Mort i la Primavera. Tras estrenarse en la Biennal de Venecia, la obra creada a partir de una de las novelas más enigmáticas de Mercè Rodoreda, llega a la Sala Gran del TNC con todas las entradas vendidas antes de su estreno.
De nuevo, La Veronal vuelve a sorprender con un nuevo espectáculo que, como mínimo, no deja indiferente a nadie. Un espectáculo de extremos, ya que a la salida encontramos personas que no habían congeniado en absoluto con el montaje, y de otras que parecían haber sido hipnotizados bajo los vuelos infinitos de las faldas de la compañía.
Marcos Morau y La Veronal, compañía de danza catalana de gran proyección y prestigio internacionales, se adentran en el oscuro imaginario de Rodoreda para construir una alegoría sobre la libertad creativa, el compromiso social y el arte como salvación y refugio. Para ello darán vida a una novela tan oscura como bella, tan enigmática como universal, tan rebelde como fatalista, con un universo entre lo humano y lo sagrado, lo espiritual y lo animal. Una obra que late desde la tristeza y la rabia, pero también desde la resistencia. Un texto tan diferente a lo que Rodoreda nos tenía acostumbrados que se convirtió en una de sus más valoradas y recordadas.
Lo que La Veronal consigue en escena es algo mágico. Tras meternos de lleno en un mundo oscuro y sombrío, un mundo casi sin alma que solo colecciona muertos (imposible no tratar de identificarlo con Gaza o Ucrania), conoceremos los personajes del pueblo en el que nos encontramos. No hay palabras. Solo gestos. Solo danza… Una danza hipnótica que embelesa al respetable y que consigue transmitir ese grito de desespero y furia contenida.
Rápidamente, La Veronal nos traslada a un mundo onírico y decrépito donde parece ser que los rayos de la luz solar nunca han pisado. Un mundo gris y oscuro donde la luz y la primavera no llegan nunca. Como seres de oscuridad, tratarán de sobrevivir y sobreponerse, pero no será hasta que llegue la primavera que todo se sublevará.
La dirección, idea y adaptación de Marcos Morau es espléndida. Paso a paso vamos conociendo un poco más el entorno en el que se mueven estos personajes que tanto nos atraen y, a su vez, los muertos no dejan de aparecer. La angustia, el miedo y la muerte se encuentran presentes y hechas carne en los cuerpos de La Veronal. Destacar el ferviente trabajo de Lorena Nogal en sus acaparadores y espléndidos solos que tratamos de no aplaudir hasta el final de la función para no romper el silencio. Rabia, impotencia, furia… todo ello supura a través de su cuerpo para hacernos empatizar con un sentimiento que nos traspasa. Sus compañeros y compañeras (Fabio Calvisi, Ignacio Fizona Camargo, Valentin Goniot, Jon López, Núria Navarra y Marina Rodríguez) no se quedan atrás en un ejercicio de continua conquista.
En la parte técnica, me gustaría destacar el compendio de la imponente escenografía de Max Glaenzel, el exquisito y sorprendente vestuario ideado por Silvia Delagneau, la marcada y resultante iluminación ideada por Bernat Jansà y, por último, la ensoñación y embrujo en directo que emana de la música original del espectáculo creada e interpretada por Maria Arnal. Maravilloso.
No es de extrañar que, antes de que la obra se estrenara oficialmente en el TNC de Barcelona, las entradas ya se hubieran agotado para todas y cada una de las funciones programadas. Y es que La Veronal es ya un punto de referencia en el mundo de la danza, y así lo avala su éxito internacional.
Crítica realizada por Norman Marsà




