
Cabaret vuelve por la puerta grande a Madrid, convirtiendo el teatro Albéniz en el Kit Kat Klub, con una propuesta dirigida por Federico Bellone que cuenta con un excelente equipo técnico y artístico encabezado por Abril Zamora, Amanda Digón y Pepe Nufrio.
La temporada madrileña 2025/26 comienza con el estreno de varias producciones musicales con títulos de gran solera como Wicked, La cenicienta o Cabaret. Una obra que es parte de la historia del teatro musical. Estrenado en Broadway en 1966, con música de John Kander, letras de Fred Ebb y libreto de Joe Masteroff, el espectáculo se convirtió pronto en un referente por su capacidad de mezclar diversión, sensualidad y reflexión política. Su versión cinematográfica, dirigida por Bob Fosse en 1972 y protagonizada por Liza Minnelli, consolidó su lugar en el imaginario cultural del siglo XX.
Madrid ha recibido varias veces este clásico. Los espectadores de la capital ya lo pudieron ver protagonizado por Natalia Millán, Asier Etxeandía y Manuel Bandera en 2003 y por Cristina Castaño, Edu Soto y Daniel Muriel en 2015. Ahora, una década después vuelve con una producción con la que Lets Go Company al frente busca brillar por su aprovechamiento de las posibilidades del renovado teatro Albéniz.
La campaña de promoción habla de “experiencia inmersiva”, una etiqueta que quizá resulte excesiva si se interpreta de manera literal. Más bien, lo que el montaje hace con inteligencia es servirse del propio espacio (labor de Felype de Lima), concebido como un cabaret, para diluir las fronteras entre escenario y platea. Allí se desarrollan tanto los números musicales de estilo cabaretero como las escenas narrativas, generando la sensación de que el espectador ha entrado de lleno en el Kit Kat Klub, lugar donde lo festivo convive con lo inquietante.
Matizaciones publicitarias al margen, el resultado es una propuesta escenográfica de gran nivel, en la que destacan el trabajo de iluminación, siempre expresivo y lleno de matices, y un sonido limpio y envolvente que permite disfrutar cada detalle. La orquesta dirigida por Julio Awad, interpretando en directo, añade ese plus de autenticidad que da identidad propia a cada número. La atmósfera evoluciona consiguiendo una progresión emocional y sensorial desde la aventura, la experimentación y la exaltación de lo lúdico hacia la bruma de la seriedad, la perturbación de la intranquilidad y la tensión del final de época.
Sobre esa sólida base técnica se eleva el muy buen trabajo de los intérpretes. Abril Zamora, como maestra de ceremonias, imprime a su personaje una mezcla irresistible de descaro y picardía, conduciendo al público con mano firme y mirada cómplice. Tras ella, Amanda Digón, Pepe Nufrio despliegan energía y compromiso en un viaje que nos traslada del Berlín desenfrenado y hedonista de finales de los años veinte al progresivo hundimiento en la oscuridad del nacionalsocialismo. Junto a ellos, Carmen Conesa, Tony River, Pepa Lucas y Gonzalo Ramos conforman el fresco que sirve como reflejo de una época convulsa y de un mundo en transformación.
Aunque acudimos al teatro para disfrutar de las canciones —y vaya si lo hacemos, con clásicos como Willkommen o Maybe This Time— y las coreografías de Gilliam Bruce, la dirección de Federico Bellone no se conforma con ofrecer un mero entretenimiento. Su montaje tiende puentes con la memoria histórica, dándole así una vigencia por motivos tan inesperados como apropiados. En definitiva, este Cabaret conjuga diversión, emoción y reflexión, motivos por lo que merece ser visitado y dejarse seducir por su propuesta.
Crítica realizada por Lucas Ferreira




