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29.09.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Dramawalker: el Madrid de la guerra civil – Crítica 2025

El Centro Dramático Nacional de Madrid nos propone un viaje en el tiempo con su nuevo Dramawalker: el Madrid de la guerra civil, un proyecto que convierte la ciudad en el escenario de trece ficciones sonoras que invitan al paseante a sumergirse en la historia de la capital en un periodo clave.

Este proyecto propone un recorrido circular por trece puntos clave de la ciudad de Madrid, donde la ficción y la historia se entrelazan. El itinerario tiene una cronología inversa, viajando desde la rendición de la ciudad en 1939 hasta la resistencia de 1936, recuperando así la energía y la tenacidad del famoso lema «No pasarán». A través de los teléfonos móviles y los auriculares, cada parada abre una escena que nos transporta a momentos como la vida bajo las bombas, la despedida de una miliciana o los cuadros del Museo del Prado siendo embalados a toda prisa.

El equipo artístico está coordinado por Laura Ortega. Las ficciones sonoras son obra de lxs dramaturgxs Esther F. Carrodeguas, Juan Cavestany, Victoria Szpunberg, David Uclés y Joan Yago. Las ilustraciones que acompañan cada audio son de Yeyei Gómez, y el elenco de voces incluye a Natalia Hernández, Belén Landaluce, Antonio Durán «Morris», Juan Vinuesa, Paco Ochoa, María Morales, Rebeca Hernández, Andrés Lima, Pedro Rubio, Alba Flores, Mamen Camacho y Petra Cuevas.

La idea de un teatro que se camina siempre me ha parecido atractiva, pero a veces la promesa se queda en la mera anécdota. Sin embargo, lo que me encontré fue una experiencia sonora y emocional que me atrapó con la misma rapidez que me soltó (por circunstancias ajenas a la ficción). La decisión de ir en cronología inversa es un acierto narrativo rotundo. En lugar de llevarnos a un desenlace conocido, nos invita a desandar la memoria, a recuperar esa energía del «No pasarán» y a sentir, en el presente, la tenacidad de aquellos que resistieron.

Los segmentos iniciales de este recorrido son mis favoritos. Me emocionó El Ministerio de la Guerra, la poderosa pieza de Del cielo a Madrid que da un sentido trágico a vistas icónicas, y la investigación obsesiva de Juan Cavestany en Estación de Sevilla y el descubrimiento del fotógrafo Juan Pando Barrero. Me mantuve totalmente inmerso en la ficción sonora gracias a la preciosa despedida de Victoria Szpunberg y a la divertida pieza del Hotel Florida. En la Plaza del Callao, el sonido de una batucada se mezclaba con el audio, creando un estruendo que hacía eco de los bombardeos de aquel Madrid en guerra.

Sin embargo, a partir de ese punto, el recorrido se volvió menos íntimo y, para mí, más ajeno. El hilo conductor de la pequeña María en los tres segmentos de Veo, veo, interpretados por Natalia Hernández, fue un hallazgo, y su final, en La Gota de Leche, me puso la piel de gallina, pero el ruido del turismo, las hordas de guiris, los king kongs gigantes con la camiseta del Madrid, el de los comerciales de causas sociales capitalizadas y las fuerzas del estado opresoras apostadas en cada esquina, me hizo desconectar de la propuesta. El contraste, en lugar de enriquecer la experiencia, se sintió como una barrera.

En definitiva, el proyecto logra su objetivo de hacer un diálogo íntimo con la memoria. Nos invita a imaginar ese Madrid en guerra y, al mismo tiempo, a hablar con los fantasmas de quienes estuvieron allí. Es un teatro que se escucha, se siente y se vive. Es una obra que demuestra que nada es más poderoso que la memoria cuando el arte se encarga de recordárnosla, incluso en medio del ruido de la actualidad.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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