
Apabullante es el primer término que se me viene a la cabeza para catalogar, si se puede de alguna manera, el primero de los dos recitales ofrecidos por la norteamericana Patti Smith en el Auditori de Girona el pasado 18 de septiembre. No podían haber elegido mejor los organizadores para dar apertura a la 34ª edición del Festival Temporada Alta.
La poetisa, quien por la mañana compartió en su cuenta de Instagram imágenes de su paseo por el empedrado Call de Girona, fue recibida con una atronadora ovación por una audiencia entregada.
Larga melena blanca, vestida de negro pero con camiseta blanca, y acompañada en esta ocasión por su primogénito Jackson Smith a la guitarra, Seb Rochford a la batería y el multi-instrumentista Tony Shanahan a los teclados, guitarra y coros; Smith apareció sobre las tablas del Auditori de Girona dispuesta a ofrecernos un concierto chamánico.
Dancing Barefoot fue el tema escogido por la cantante para iniciar un concierto reivindicativo, punk, rockero y en ningún momento nostálgico. Silencio sepulcral de un respetuoso público sabedor que estaba presenciando una actuación de la época de la verdad, sin artificios ni vacuidades. Una sorpresiva Trascendental Blues, versión de una canción del veterano del country-rock Steve Earle, fue el segundo tema de la noche.
Ghost Dance, de su álbum Easter (1978), originariamente escrita en homenaje a la tribu india de los Hopi, fue dedicada esta noche a la lucha de los nativos americanos por recuperar sus tierras. Esta fue la primera canción con carga reivindicativa de la velada. Momento emotivo cuando, en medio de su interpretación, Smith abandonó el escenario para saludar al veterano promotor Gay Mercader, amigo personal de la neoyorquina desde 1976, fecha de su primera actuación en Estado.
Una emotiva Break It Up, coescrita junto a Tom Verlaine en el año 1976 como homenaje a Jim Morrison, precedió a una intensa interpretación de Man In The Long Black Coat de Bob Dylan. Al igual que ocurrió en la entrega del premio Nobel de 2016, Patti tuvo un breve despiste al interpretar un tema de Bob. Pidió perdón a Dylan, y prosiguió serenamente con la canción. Seguro que el bardo de Duluth no se lo tendrá en cuenta.
El momento jocoso de la noche llegó cuando, en medio de la interpretación de Nine, Smith aprovechó el respiro que le ofreció el desarrollo instrumental de la banda para desplazarse a un lateral del escenario y despojarse de sus calcetines. Y, como si nada hubiera sucedido, volvió al micro y atacó una rabiosa versión de Bullet With Butterfly Wings de The Smashing Pumkins. El público aquí, animado por la propia Smith, aprovechó para levantarse de sus asientos y dar rienda a la emoción largamente contenida.
Una bandera palestina ondeaba entre el público a la vez que Patti Smith recordaba que mientras estábamos gozando de una excelente velada, miles de refugiados palestinos estaban sufriendo un dolor interminable. A ellos dedicó una emotiva Peaceable Kingdom.
Antes de atacar un incendiario final trufado de clásicos, bromeó al cambiarse su americana para un chaleco negro. Dijo que el motivo no era otro que seguir la costumbre de la música pop.
Ya con las luces de sala encendida, el público en pie, y algún que otro avispado que aprovechó para acercarse a las primeras filas, fue el momento para los hits más exitosos de su carrera. Because The Night, coescrita con Springsteen fue muy aclamada y coreada por el público. La artista la dedicó a su difunto esposo Fred ‘Sonic’ Smith (guitarrista de MC5).
En una interminable Gloria se fundió con el exultante público de las primeras filas. Cerró el concierto con el himno People Have The Power, que ella misma recordó que fue co-escrita con Fred Smith para el público en un lejano año 1986. Broche de oro para una histórica noche del Temporada Alta. ¡¡¡Puños en alto y hasta la próxima!!!
Crónica realizada por David Abarca




