
El noi de la mare es una representación de la vida misma que puede verse en el Aquitània Teatre de Barcelona. Cada uno de nosotros tiene —o ha tenido— una abuela que se fue demasiado pronto, que quizá podríamos haber cuidado más, mimado más, abrazado más. Aunque no la hayas tenido, bajo la dirección de Marc Pinyol sentirás todo lo que nos quiere transmitir.
Cuando eres joven, tu forma de pensar es atrevida, disparatada y genuina; pero con el paso de los años, al llegar a la vejez, miras atrás con anhelo y con una perspectiva distinta. Lo mismo ocurre con el amor: ya sea de pareja o fraternal, siempre buscamos la manera de cuidar a los nuestros con cariño, protección y gestos que, aunque sencillos, lo significan todo. Sin embargo, el tiempo juega en nuestra contra: crecemos, envejecemos y morimos.
El Teatre Aquitània se convierte en el refugio perfecto para que Òscar Balanyà (intérprete y dramaturgo) y Farners Rubio (intérprete) nos cuenten esta historia conmemorativa durante 90 minutos de teatro íntimo y en catalán. Sorprende que con solo dos intérpretes se consiga dar vida a toda una familia. La versatilidad de ambos es deslumbrante: cambian de personaje con naturalidad, sin que se diluya la esencia de cada uno.
Balanyà se luce en los papeles más cómicos: el sobrino pequeño, la vendedora de telas, el tío catalán… Aporta frescura y humor en medio de la melancolía general. Rubio, en cambio, brilla en los personajes más cargados de emoción: la abuela, la tía, la hija. Su interpretación transmite ternura, dolor y una humanidad que se siente a flor de piel. Juntos, forman un dúo actoral brutal, perfectamente complementado.
La atmósfera de la obra no sería la misma sin el trabajo de iluminación de Fátima Berbel, que juega un papel esencial. Los focos no solo acompañan la acción, sino que también nos orientan en el tiempo: pasado y presente se entrelazan y las luces marcan el ritmo de cada transición. Esa coordinación consigue que la narrativa fluya sin perder al espectador.
La escenografía también es un acierto. El escenario arranca lleno de muebles que representan la mente y linea de vida de la abuela, y poco a poco, a medida que avanza la trama, esos elementos se van desgranando, como si la propia historia se desnudara ante nosotros. Un detalle sencillo, pero cargado de simbolismo.
El noi de la mare es una obra que remueve emociones y que te hace salir del teatro con ganas de abrazar a tu abuela. Porque, más allá del homenaje personal, la obra conecta con algo universal: la fragilidad de la vida, la memoria compartida y el valor inmenso de los vínculos familiares.
Definitivamente, es una obra para escuchar y sentir, más que para simplemente ver. No puedo imaginar un mejor arranque para este inicio de nueva temporada teatral en Barcelona. Un homenaje sincero y conmovedor a las abuelas. Y qué homenaje. Salí del teatro con la piel de gallina.
Crítica realizada por Yadi Agurto




