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15.09.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Vuela – Crítica 2025

La compañía de Sara Baras cumple 25 años sobre los escenarios con Vuela, montaje que acumula más de 180.000 espectadores y que ahora llega al Teatro Gran Vía de Madrid con ganas de hacer vibrar y disfrutar a sus espectadores. Una oportunidad con la que disfrutar del arte de esta coreógrafa y bailarina y de su homenaje a Paco de Lucía.

Desde que en el año 2000 Sara Baras pusiera en marcha su propia compañía, cada montaje ha demostrado porqué es una de las grandes embajadoras del flamenco en el mundo. Desde su debut con Sensaciones hasta trabajos como Mariana Pineda, Juana la Loca, Voces, Alma o Sombras, Baras ha demostrado que el baile flamenco puede dialogar con la dramaturgia, la poesía y hasta experimentación escénica sin perder su raíz. Su sello personal combina disciplina, innovación y respeto por la tradición mientras ella se revela como una creadora total: bailaora, directora y coreógrafa capaz de diseñar universos que trascienden lo puramente dancístico.

Con Vuela, el espectáculo que ahora llega a Madrid, Baras firma un homenaje vibrante y sentido al genio de Algeciras, Paco de Lucía. Serán las últimas semanas de esta aventura, ocho semanas con las que pondrá punto y final a su celebración de la música y del espíritu libre del maestro de la guitarra, trasladada al lenguaje del baile flamenco con una puesta en escena que mezcla virtuosismo y emoción, rigor y ternura.

La dirección musical de Keko Baldomero articula este diálogo entre cante, guitarra y danza. la calidez de las cuerdas, tanto de las guitarras de Baldomero y Andrés Martínez como del violín de Alexis Lefebre, se funde con la fuerza de la percusión de Rafael Moreno, dándole brío a su pulso escénico. El cuerpo de baile, siempre preciso, incorpora recursos adicionales que enriquecen el espectáculo: bastones con los que marcan compás y generan un efecto percusivo que amplifica la intensidad del conjunto. La sonoridad, por momentos sobria y por momentos expansiva, crea un sustrato sonoro sobre el que el zapateado de Baras dialoga con naturalidad.

La compenetración alcanza su cénit cuando el cante de May Fernández y El Mati se entrelaza con el movimiento coreográfico. La emoción desnuda de sus voces vibrando al son de diferentes ritmos encuentran en las coreografías, ya sea en solos desbordantes de energía o en números grupales de gran plasticidad, su reflejo visual. Baras despliega braceos amplios, giros que recuerdan la ondulación marina y zapateados que destilan fuerza telúrica. El vestuario, de Luis F. Dos Santos, colorido y variado, ofrece contrastes que intensifican cada cuadro, mientras que la iluminación de Óscar Gómez de los Reyes, diseñada con precisión, resalta siluetas y dota de profundidad a la escena.

El Teatro Gran Vía se llenó hasta la bandera para recibir este espectáculo. El público, entregado de principio a fin, respondió con palmas y ovaciones al despliegue de talento. Los artistas, por su parte, mostraron un compromiso absoluto, haciendo parecer espontáneo y natural lo que exige horas de ensayo, disciplina y creatividad compartida. Una atmósfera de gozo compartido en un espectáculo, Vuela, con el que Sara Baras no solo rinde tributo a Paco de Lucía, sino que demuestra, una vez más, que su arte está llamado a permanecer.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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