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15.09.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
La Tempestat – Crítica 2025

Tras el éxito en su estreno, La Perla 29 recupera -para iniciar la Temporada 2025-26La Tempestat de William Shakespeare con dirección de Oriol Broggi. La obra, que puede verse en el Teatre La Biblioteca de Barcelona, supone un regreso a la estética esencial de La Perla 29 y al teatro de actor, siguiendo la estela de El Rey Lear (2008) y Hamlet (2009, 2021).

Una tormenta hace naufragar a Alonso, rey de Nápoles, su hijo Fernando y Antonio, que usurpó el Ducado de Milán a su hermano. La fatídica tormenta ha sido provocada por Próspero, el legítimo Duque de Milán, quien vive exiliado en una remota isla junto a su hija Miranda desde hace tiempo. El naufragio pone en marcha su plan vengativo, que juega con el amor y la desesperación, y que ha urdido para recuperar lo que le fue arrebatado, usando secretos poderes de la naturaleza. Y es que Próspero conoce las ciencias ocultas y sabe controlar los espíritus de la isla, como Ariel, a quien tiene sometido a su servicio, o el desafortunado Calibán…

Siempre hemos dicho que acudir a ver un montaje de La Perla 29 es garantía de calidad y satisfacción. Su extremado y cuidado detalle con todo lo que rodea la producción, así lo acredita.

En esta producción, solo acceder a la sala y pisar la tierra de la amplia escenografía creada por Oriol Broggi, ya nos hace abrir nuestros ojos y corazón a lo que vendrá. Sentir la necesidad de descalzarse -algo que hubiese hecho con gusto como los personajes en escena-, y pisar la fría y húmeda tierra, ya me crea una conexión empírica con lo que venidero. Aun así, he de decir que La Tempestat no ha sido de mis montajes favoritos.

Venía con muchas ganas de disfrutar de un montaje como La Tempestat de William Shakespeare; un clásico lleno de extensa prosa y momentos cómicos. Pero bien es cierto que trasladar esta obra bajo el techo de La Biblioteca me dejó con una sensación de inquietud remanente.

La escenografía y la utilización de todo el fondo del Teatre La Biblioteca es, a priori, una muy buena opción para poder proyectar una isla recóndita oculta por la niebla. Efectivamente, el movimiento escénico es diverso y disfrutable, dado que la producción utiliza tanto el fondo escénico, como la puerta principal (ideada como cueva) y/o la entrada al bar y tienda del teatro como paso raso por la isla. Pero, aunque esta idea es perfecta en esa parte, parece que no contaron que la lejanía puede hacer que el público tenga inconvenientes en escuchar la replica de los actores. En varias ocasiones perdí el hilo de las conversaciones, algo que me descolocó para poder seguir una historia algo compleja por su continua y disparada prosa. Este inconveniente quedaba parcialmente solucionado al hacer que los actores ocuparán un espacio escénico cercano al público. Pero en momentos en los que la escena supera los 3-4 personajes, o que estos se muevan más lejos del respetable, este inconveniente se vuelve latente.

En la parte actoral, no hay duda que la palma se la llevan tres actores/actrices. El primero de todos, Lluís Soler, quien interpreta a Próspero, el legítimo Duque de Milán. Soler conoce bien el funcionamiento de la casa. La forma de expresar las ideas del personaje, proyectar la voz, y hacer sentir al público seguro y atento a su prosa, hace que nos enubilemos en un saber hacer excelso.

Junto a él, destacar a Clara de Ramon quien interpreta a Miranda, hija de Próspero. Podríamos decir que De Ramon tiene una maestría en interpretar personajes como Miranda. Un personaje de base ingenuo pero cuya convicción y lucha nos sorprende gratamente.

Pero si de sorpresas hemos de hablar, el aplauso de la noche se lo lleva Babou Cham como Ariel; el espíritu etéreo, omnipresente y supeditado a los deseos de Próspero. Babou nos ofrece una actuación perfecta controlando la replica, la dicción, la escucha y la reacción que mantiene a su personaje siempre bajo la búsqueda del ojo del público.

En la parte musical, me gustaría destacar el trabajo de Marc Serra a mano de las guitarras realizando la música incidental del espectáculo. Una música que aparece de fondo en algunas ocasiones y que ayuda a hacer llegar más allá las palabras de los personajes. Su presencia en diversos laterales de la escena pasa desapercibida hasta que escuchamos las notas y, instintivamente, buscamos su presencia.

Por último, en la parte técnica destacar la perfecta iluminación creada por Gina Moliné que nos acerca a esa tétrica, recóndita y extraña isla que, junto a las proyecciones de Francesc Isern nos hacen introducirnos en un mundo onírico y lleno de magia.

Como indicaba anteriormente, aunque La Tempestat no es de mis montajes preferidos de La Perla 29, si es cierto que el áurea que la rodea rezuma su buen hacer. Un texto difícil de plasmar que, en esta ocasión, no ha quedado del todo acertado.

Crítica realizada por Norman Marsà

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