
Directora de escena, coreógrafa, actriz y diseñadora de vestuario, Carlota Ferrer es una creadora multidisciplinar cuyas puestas en escena se caracterizan por la hibridación de lenguajes escénicos, creando un universo propio a partir de textos clásicos y contemporáneos y la búsqueda incesante de instantes de belleza y poesía escénica.
Fue directora de la 37ª edición del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, Premio Ojo Crítico de Artes Escénicas 2015 (RNE) y Premio Max al Espectáculo Revelación por Los nadadores nocturnos. Estos días ha estrenado en el 71 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, su particular visión de Las troyanas de Eurípides.
Hécuba, Casandra, Andrómaca y Helena, cuatro mujeres esperando a ser entregadas como esclavas a los vencedores. Qué actual, ¿no?
Totalmente. Son las consecuencias de la guerra en primer plano. Casandra es una mujer no escuchada y nos recuerda que, cuando a veces nos dicen la verdad, miramos hacia otro lado, como cuando advirtió del caballo de Troya y nadie la creyó. Helena es juzgada por su cuerpo y su belleza, señalada por eso como causante de una guerra. Hécuba es como una abuela nuestra que ha sobrevivido a guerras, que ha tenido que exiliarse. A través de todas ellas Eurípides nos habla de algo muy interesante, de la pérdida de la fe y de la espiritualidad.
Teniendo en cuenta esto, ¿asistimos a una representación únicamente teatral o lo que vemos tiene un mensaje político, una reivindicación de los derechos humanos?
No me gusta meter las cosas en cajas, pero sí es cierto que he imágenes de guerra contemporánea. En un determinado momento se oyen disparos, es un retrato de la crueldad, de lo que acontece en la guerra, que se trufa con la representación de Las Troyanas. No se trata de politizar una función, sino de reflexionar sobre cómo miramos hacia otro lado y como hay quienes, mirando a otro lado, toman decisiones que desencadenan esta crueldad.
Has trabajado junto a Isabel Ordaz en la adaptación del texto de Eurípides. ¿Cuál ha sido el objetivo de esa adaptación?
Aprovechando la narrativa que utiliza Eurípides, lo que en los clásicos denominamos un aparte, buscamos que cada personaje aparezca en escena y diga quién es. Pero lo hemos hecho de manera diferente a Eurípides, aunque siendo fieles a la fábula y, sobre todo, al viaje de Hécuba. Personaje en el que hemos acentuado su espíritu de resistencia y su anhelo vengativo, sentimiento que surge cuando se pone en primer plano la emoción y no la política.
¿Cómo te llegó la propuesta de dirigir este montaje o cómo te surgió la idea de proponerlo?
Fue una idea de Isabel Ordaz. Ella propuso al festival hacer Las troyanas e interpretar a Hécuba. Dirigir Las troyanas es como dirigir La casa de Bernarda Alba, algo que quieres hacer en algún momento de tu carrera, porque de alguna manera lo que cuenta está siempre vigente, aunque a veces parezca frívolo u oportunista una afirmación así. El diálogo entre lo contemporáneo y lo clásico está siempre ahí, puede parecer impúdico utilizar el dolor ajeno en un momento así, pero es necesario porque el teatro moviliza y agita conciencias.
¿Podemos parafrasear a Paco Ibáñez y decir que el teatro es un arma cargada de futuro?
Sí, creo que sí. El teatro, después de formarnos en las escuelas y en las bibliotecas, es un lugar en el que seguir educándonos como seres humanos.
Sin embargo, no parecen buenos tiempos para la cultura clásica, con la relegación de las asignaturas que lo tratan en el currículum educativo de los más jóvenes.
La cultura clásica está en crisis, y la cultura en general, siempre. Es difícil. Pero podemos intentar captar al público joven a través del lenguaje escénico. En cualquier caso, estamos fallando en Humanidades eliminando de los temarios todo lo referente a las Humanidades, latín, griego y, por supuesto, la filosofía, quizá lo más importante.
¿Qué le pides a tu futuro en el teatro?
Poder seguir trabajando como lo hago, como a mí me gusta. Es difícil, pero soy un poco como Hécuba en eso, resistencia.
Además de directora, también eres coreógrafa, actriz y diseñadora de vestuario, ¿cómo conjugas todas estas inquietudes?
A la hora de soñar la puesta en escena, lo veo todo. No trabajo por parcelas. A veces colaboro con otros artistas, por razones económicas o de tiempo, pero siempre sueño el universo en conjunto. Me llaman multidisciplinar, hablan de danza, música o variedades, pero yo dirijo desde la fábula y desde intuiciones que nacen de un conocimiento documentado. No pretendo que todo el mundo conozca esa investigación, pero sí que se entienda la fábula y que luego haya atmósferas y emociones que viajan.
¿En qué otros proyectos o ideas de futuro tienes puesta la vista, además del presente de Las troyanas?
Tengo una adaptación de un cuento de Mario Benedetti que espero estrenar pronto, estamos en ello. Y voy a reponer un espectáculo que se llama Carne Barroca, que estrené hace un año y medio en el Festival de Aviñón, escrito por mí y basado en textos de autoras del Siglo de Oro. Es absolutamente performativo.
Entrevista realizada por Lucas Ferreira (fotografía de Javier Naval).




