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11.08.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Memorias de Adriano – Crítica 2025

La 71a edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida acogió la semana pasada el estreno absoluto, en coproducción con el Teatre Romea de Barcelona, de Memorias de Adriano. Adaptación de la novela de Margarite Yourcenar en una propuesta dirigida por Beatriz Jaén, y protagonizada por Lluís Homar, con la que nos ofrecen una lectura actual de los principios de un líder político de hace dos milenios.

A Beatriz Jaén le gustan los retos. Tras dirigir con un éxito más que notable en la temporada pasada la adaptación de Nada, obra cumbre de Carmen Laforet y de la literatura española del siglo pasado, en el Teatro María Guerrero de Madrid, ahora se enfrenta a un título considerado como uno de los grandes de la novela histórica, Memorias de Adriano, escrito por Margarite Yourcenar y publicado originalmente en 1951.

Una historia que ahora vemos sobre el escenario con la adaptación que Brenda Escobedo ha realizado partiendo de la traducción original de Julio Cortázar del texto de Yourcenar. Su dramaturgia mantiene el espíritu de voz única del retrato que la escritora francesa ideó del emperador Adriano, recreando una falsa autobiografía sobre la que Jaén le añade una capa más. No sitúa la acción en el siglo II d.C., sino en la actualidad, en el despacho de un político en el que entran y salen asesores que le están ayudando a preparar una próxima intervención pública en la que anunciará una decisión de extrema importancia.

Una conjugación de lirismo atemporal y artificio actual, un contraste entre solemnidad histórica y escenificación mediática que marca el pulso de la función que estos días tiene lugar en Mérida. La escenografía minimalista y fría, aséptica y casi árida, de José Novoa, se complementa con la arquitectura del frente escénico del teatro romano que lo acoge. La conjugación de pantallas, cámaras y micrófonos con las columnas corintias del recinto, en un inteligente contrapunto entre pasado y presente, confiere a la función una resonancia simbólica y espacial muy potente.

En el mismo lugar en el que ya se programaban actuaciones mientras el evocado Adriano era emperador, aparece un líder que se presenta, también, como ser humano. Consciente de la proximidad de su final, mira con serenidad y lucidez el paso del tiempo. Reconoce su finitud y se prepara para ello, al tiempo que repasa su existencia como figura pública, militar y política, y como hombre fuera de lo público. Revive la seducción y el amor, fue seducido y sedujo, amó y fue amado por Antínoo.

Esta dualidad entre lo público y lo privado, lo heroico y lo vulnerable, que recorre el texto marca la interpretación de Lluís Homar. Una encarnación digna y profunda a la que con su voz y presencia otorga humanidad y solemnidad, a la par que serenidad e intimidad. Transita entre el drama político, la tensión de las intrigas, la adrenalina de los conflictos militares y la ternura erótica de su relación con Antínoo.

El domino escénico de Homar sostiene la intensidad que requiere el monólogo con su hábil hibridación de retórica y emoción, de líder en lo público y ser entregado en lo privado. Dinamismo respaldado por el acompañamiento de cinco intérpretes sin palabra. Las entradas y salidas, interlocuciones mímicas y movimientos sincronizados, de Clara Mingueza, Álvar Nahuel, Marc Domingo, Xavi Casan y Ricard Boyle median entre Homar y el público, entre Adriano y su audiencia. Junto con la partitura original de Tagore González y la iluminación de Pedro Yagüe nos introducen en su psique y nos evidencian las atmósferas que le rodeaban.

Por todo ello, el resultado final son una Memorias de Adriano convincentes. Lluís Homar resulta un evocador perfecto del personaje, del orador y narrador, concebido por Margarite Yourcenar. Y la ideación de Beatriz Jaén transmite ese juego tan delicado entre un líder de hace casi dos mil años y un dispositivo escénico que lo sitúa en nuestro presente. El reto está en, tras ver este montaje, buscar a quien, en nuestro hoy, podamos considerar a su altura.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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