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31.07.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
West Side story V.C. – Crítica 2025

El Gran Teatre del Liceu de Barcelona presentó el pasado martes la versión concierto del musical de Leonard Bernstein, West Side Story. Dirigido por Gustavo Dudamel, y con Nadine Sierra y Juan Diego Flórez en los papeles de María y Tony, el gran teatro de la opera ofreció un espectáculo brillante como cierre de la Temporada 2024-25.

Dirigidas por Gustavo Dudamel, el gran teatro presentó el pasado martes la primera de las dos funciones de West Side Story en versión sinfónica que podrán verse los días 29 y 31 de julio. Dos exclusivas funciones que emocionarán al público con una de las historias de amor más internacionales y reconocibles que ha marcado un antes y un después en el mundo del teatro musical. Un espectáculo icónico, y con un reparto estelar irrepetible, con el que la sede de la ópera barcelonesa cierra temporada.

Todos conocemos la historia de West Side Story. Dos jóvenes de la misma ciudad pero de mundos muy distintos se conocen en una fiesta y se enamoran a primera vista. Ambos, pertenecientes a dos bandas rivales, harán todo lo posible para que su amor florezca y, en secreto, desearán estar juntos para siempre. Una relación imposible, condenada por el conflicto entre sus respectivos clanes, al estilo del Romeo y Julieta de Shakespeare.

A pesar de las reticencias iniciales que West Side Story suscitó —incluso dentro del propio sector teatral— durante su estreno en Broadway en 1957, el tiempo ha situado este título como uno de los referentes indiscutibles de la historia del teatro musical. West Side Story abrió la puerta a una evolución del género, lo modernizó y enriqueció incluyendo sonidos y ritmos inéditos hasta entonces sobre un escenario.

Leonard Bernstein supo crear una partitura al servicio de una historia que, en realidad, partía de una idea del coreógrafo y bailarín Jerome Robbins: trasladar al actual “west side” de Nueva York la historia de amor imposible de Romeo y Julieta. Fue Arthur Laurents quien adaptó el argumento shakespeariano a la realidad de las bandas juveniles del momento y añadió la inmigración como uno de los elementos clave del conflicto. De las letras de las canciones, repletas de ingenio y poesía a partes iguales, se encargó un joven Stephen Sondheim, en el que fue su debut profesional en Broadway. Por primera vez, una partitura de Broadway fue concebida para ser bailada en su mayor parte, y pronto se convirtió en un referente para los creadores que vinieron después.

Tras el éxito, su adaptación cinematográfica de 1961, dirigida por Jerome Robbins y Robert Wise, la convirtió en un fenómeno global, y la nueva versión de 2021 dirigida por Steven Spielberg —con dirección orquestal del mismo Gustavo Dudamel— reafirmó su vigencia y su capacidad de conectar con nuevos públicos.

La versión que se presenta estos días en el Gran Teatre del Liceu es la versión sinfónica que Leonard Bernstein arregló casi 30 años después del estreno original y que fue grabada en 1984 como una lectura más personal y definitiva del compositor. Bernstein reorientó esta versión plenamente hacia el lenguaje sinfónico, con un lirismo expandido y una potencia orquestal que acentúan su sofisticación armónica, su sutileza rítmica y su energía dramática.

Para poner en pie esta versión sinfónica, el Gran Teatre del Liceu ha contado con un reparto de lujo, encabezado por las voces de la soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor peruano Juan Diego Flórez, dos de las voces más queridas y aclamadas por el público liceísta. Flórez y Sierra se ponen en la piel de una de las parejas más míticas de Broadway, Maria y Tony. La pareja desbordó un carisma sin igual en la noche del estreno. Ambos destilaron una soberbia interpretación vocal y actoral que les ofreció grandes vítores en temas tan icónicos como Maria o Tonight. Flórez supo mantener la esencia de un Tony curioso y conciliador, y Sierra supo ofrecernos la belleza, simpatía y juventud que Maria necesitaba. Vocalmente estuvieron excelsos.

El conjunto de voces protagonistas se completa con la mezzosoprano Isabel Leonard, quien en su debut en el Liceu interpretó a una soberbia y potente Anita, amiga y confidente de Maria; el barítono Jarrett Ott quien cautivó al público con su presencia y gran voz interpretando a Riff, líder de los Jets; y el barítono Milan Perišic en el papel de un perfecto Bernardo, jefe de los Sharks y hermano de Maria.

El resto del elenco está formado por voces de primer nivel como Cristofol Romaguera (Baby John); Pau Camero (A-Rab); Montserrat Seró (Rosalia); Laura Brasó (Francisca); Tanit Bono (Consuelo) y Dimitar Darlev (Diesel). Un elenco que aportó espectacularidad, grandes voces y un carisma latente. Canciones tan míticas como America fueron altamente celebradas por el respetable.

La sorpresa de la noche llegó cuando sonó la mítica y esperada Somewhere, momento en el que Sondra Radvanovsky apareció en escena y nos deleitó con una interpretación llena de dramatismo y seguridad. Al finalizar la canción, una explosión desbordante de alegría llenó la platea y Sondra se llevó una gran y merecida ovación del público.

En la parte musical, destacar el gran trabajo realizado por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu, bajo la dirección del maestro venezolano Gustavo Dudamel y el Coro del Gran Teatre del Liceu bajo la dirección de Pablo Assante.

La dirección de Dudamel fue enérgica y positiva. Los mismos miembros de la orquesta y coro rompieron en varias ocasiones su tez firme y impertérrita para mostrar la satisfacción del trabajo que estaban realizando sobre las tablas. Se les vio disfrutar en escena y moverse al ritmo de la reconocible partitura que estaban interpretando. Una reacción que me hizo sonreír y disfrutar más de una noche que se notaba conmemorativa y no tan solemne como el Liceu nos tiene acostumbrados. Dar crédito también a la precisa y gustosa interpretación del Coro del Gran Teatre del Liceu, quien nos deleitó con una interpretación vocal sencillamente perfecta.

Tras la primera función, el público finalizó la noche en pie aclamando el ilustre trabajo realizado sobre las tablas. No fue la primera vez, puesto que, canción a canción, el respetable no dudó en aplaudir cada una de las insignes interpretaciones de los artistas, orquesta y coro. El final de la temporada del Liceu se convirtió en una noche llena de emociones, ritmos y un ambiente festivo para todos.

Crítica realizada por Norman Marsà

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