
El Teatre Romea de Barcelona se convierte este julio en el escenario de una de las apuestas arriesgadas del Grec Festival: Gegant. Esta adaptación catalana de Joan Sellent, dirigida por Josep Maria Mestres y protagonizada por Josep Maria Pou, se instala en cartel hasta el 3 de agosto, proponiendo una reflexión contundente sobre sucesos de rabiosa actualidad.
Este primer texto del británico Mark Rosenblatt, estrenado en Londres en 2024, y de 165 minutos de duración, es una historia que transcurre en tiempo real en el comedor de Gipsy House, la casa en proceso de reforma de Roald Dahl, el célebre autor de obras como Charlie y la fábrica de chocolate, Las brujas o Matilda. En esa estancia confluyen personajes y conversaciones reales y ficticias en torno a las posibles consecuencias de una reseña literaria escrita por Dahl, cuyas polémicas palabras estallan en un momento especialmente convulso de su vida.
Con este texto que sube a las tablas aquellas declaraciones de Dahl sobre las actuaciones de Israel en el conflicto con el Líbano —un tema que resuena con fuerza en el actual conflicto en la franja de Gaza— y gracias a la creación del personaje ficticio de Jessie Stone, Rosenblatt consigue ofrecer al espectador una mirada abierta, que se despliega en múltiples direcciones y permite reflexionar desde perspectivas diversas.
Josep Maria Mestres ha sabido exprimir con maestría una dramaturgia de temática delicada, avivando la necesidad de seguir exponiendo asuntos como el del genocidio. Lo hace con inteligencia escénica, utilizando con atino los toques de humor como vía de escape ante la tensión que atraviesa el texto.
Por su parte, Josep Maria Pou —que todo lo que toca lo convierte en oro gracias a su siempre magnífica interpretación— encarna a un Roald Dahl envejecido, dolorido y cansado, atrapado en un momento complicado de su vida. Frente al conflicto que rodea sus escritos antisemitas, el personaje se muestra firme: no quiere retractarse. Pou se toma en serio lo de ser Dahl, y lo consigue, imponiendo sus intervenciones como los momentos más esperados de la función.
El elenco seleccionado por Mestres para acompañar a Pou ha sabido estar a la altura de un montaje en el que todos, de algún modo, dan la réplica al protagonista con un trabajo actoral sólido y matizado. Pep Planas, como Tom Maschler, y Victòria Pagès, como Felicity Crosland, interpretan a los personajes que conectan a Dahl con la parte real de esta historia. Él, como su editor en Reino Unido; ella, como la amante con la que está a punto de casarse. Ambos intentan confrontarlo con las consecuencias presentes y futuras de su reacción al conflicto libanés. Planas y Pagès, desde su extensa experiencia escénica, sostienen esos careos con contención, intentando evitar que se despierte la bestia.
Clàudia Benito es el otro plato fuerte de esta función: la antítesis de Dahl, el personaje ficticio que Rosenblatt utiliza para construir el contrapunto a la raíz temática del texto. Benito, que ya es una actriz que ofrece garantías, nos regala una interpretación impecable de Jessie Stone, un personaje lleno de capas que se van revelando hasta el último momento. Cada intervención, cada gesto, está cargado de matices que difícilmente se agotan en un único visionado.
Y completan el elenco Aida Llop y Jep Barceló, quienes, a pesar de contar con intervenciones más breves, acompañan a Dahl en momentos clave de la obra, convirtiendo a sus personajes —y a sus interpretaciones— en piezas esenciales del engranaje dramático.
El espacio escénico diseñado por Sebastià Brosa recrea con detalle el comedor donde transcurre toda la velada: una estancia de techos altos en una casa victoriana en plena reforma. La mesa —que parece ser tanto de comer como de trabajo para Dahl— se convierte en el epicentro de la escenografía, alrededor de la cual se despliegan las tensiones del texto. Todo lo que la rodea está cargado de detalles, igual que el ambiente y la conversación, generando una sensación de sobrecarga emocional latente. Por su parte, el vestuario de Nidia Tusal, trabajado en tonos pastel, establece un sutil guiño cromático a las ilustraciones que acompañaban los libros de Dahl, evocando con delicadeza el universo del autor.
Gegant cumple con creces su objetivo como propuesta teatral: entretiene, hace reflexionar con humor y ofrece al espectador las herramientas necesarias para formarse una opinión propia. Además, brinda la oportunidad de disfrutar de un equipo artístico en una sintonía escénica admirable. Quedan pocas entradas, pero aún estás a tiempo. Yo no me lo pensaría.
Crítica realizada por Diana Limones




