
El Teatro Español de Madrid cierra su temporada 2024-2025 con Un tranvía llamado Deseo. David Serrano adapta el genial texto de Tennessee Williams y dirige una versión protagonizada por una excelente Nathalie Poza bien acompañada por Pablo Derqui, María Vázquez y Jorge Usón en los papeles principales.
Cuando Tennessee Williams escribió Un tranvía llamado Deseo en 1947, el éxito fue instantáneo. Lo que ofrecía era más que un drama y una tragedia, era la materialización de una dramaturgia más humana, visceral y poética. Con Blanche DuBois, Williams daba voz a un universo quebrado, femenino y desequilibrado, sí, pero profundamente lúcido en su mirada sobre una sociedad que castigaba la sensibilidad. Lo íntimo irrumpía en escena con una fuerza tan demoledora como hermosa que convierte a esta obra en una pieza casi onírica, expresionista por momentos, que nos habla de la fragilidad del alma y del modo en que la verdad y la mentira se confunden cuando el dolor es insoportable.
David Serrano ha transitado con soltura por el musical (Billy Elliot, Matilda, Grease, The Book of Mormon…), y también ha dirigido títulos con tintes más dramáticos como Port Arthur, Cartas de amor o El hombre almohada. Tiene un sello propio con el que suele conectar con el público, sabe lo que este quiere y se lo ofrece con una dirección que facilita seguir la acción que crea sobre el escenario.
Su versión de Un tranvía llamado Deseo es muestra de ello. Recurre a la cuarta pared para adentrarnos en la acción. Pero mientras Tennessee trazó sobre el papel una atmósfera opresiva y sudorosa, Serrano propone un entorno más cálido, casi amable por momentos a pesar de las limitaciones que marcan las vidas de sus personajes. El resultado es una Blanche fundamentada en su neurosis y un discurrir que para resultar digerible elude las intenciones más complejas de la dramaturgia galardonada con el Premio Pulitzer en 1948. Este tranvía no hiere ni incomoda, simplemente entretiene, lo cual puede ser virtud o insuficiencia, según se mire.
El foco absoluto lo ocupa Nathalie Poza, quien se entrega con intensidad a una Blanche construida casi en solitario. El montaje orbita tanto a su alrededor que la compleja relación con Kowalski resulta secundario, rompiendo uno de los equilibrios más potentes del texto. Poza está bien, sin duda, aunque habría brillado más si el tono general hubiese permitido explorar los claroscuros de su personaje, más allá de la hipérbole de su primera impresión. Pablo Derqui como Stanley Kowalski cumple, al igual que María Vázquez (Stella) y Jorge Usón (Mitch), aunque todos ellos, actores más que solventes, hubieran podido dar mucho más de sí con otro enfoque.
La escenografía de Ricardo Sánchez Cuesta e iluminación de Juan Gómez-Cornejo acompañan con eficacia, pero responden más a la estética buscada por Serrano que al ambiente opresivo y decadente de Nueva Orleans que concibió Williams. Destaca, eso sí, la música de Luis Miguel Cobo, que aporta una atmósfera envolvente sin resultar intrusiva.
Trabajos expresivos y técnicos que apuntalan un montaje correcto que, si bien rebaja la intensidad del original, mantiene viva la universalidad de Tennessee Williams. Porque, incluso suavizado, Un tranvía llamado Deseo sigue hablando con sinceridad y profundidad sobre la oscuridad del alma humana, el poder del deseo, el arrebato de la locura y la necesidad, tan humana, de inventarse una vida menos cruel para sobrevivir.
Crítica realizada por Lucas Ferreira




