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23.05.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
La Patética – Crítica 2025

Marcando el final de la temporada del Teatro Valle-Inclán de Madrid, La Patética de Miguel del Arco se ha estrenado como larga fanfarria en que se da el todo por un reparto de grandes nombres, una dirección de prestigio y un argumento flojo y estirado que aburre y entretiene a partes iguales.

Pedro Berriel (Israel Elejalde) es un director de orquesta en fase terminal, cuyo legado desea que se refleje en la grabación de la Sinfonía Nō 6 de Chaikovski, mientras dialoga con este (Jesús Noguero), preocupa a su marido Jon (Jimmy Castro), es acompañado por toda una galería de personajes encarnados en Inma Cuevas, Juan Paños, Manuel Pico y Francisco Reyes.

La cámara anecoica de Paco Azorín, que recrea el escenario, es lo más reseñable; en un montaje en el que la iluminación de David Picazo, vestuario de Ana Garay, sonido de Sandra Vicente y composición musical de Arnau Vilà llenan un espacio inmenso en el que se pierden todos los esfuerzos de todxs ellxs.

Sentado en la butaca de la sala a medio gas del Teatro Valle-Inclán, y tras un comienzo introductorio que entretiene pero no sorprende, comencé a levantar la ceja y me vino a la cabeza lo alejado de la realidad que se siente La Patética de Miguel del Arco, como lo hace el cine de Almodóvar de esta última época; y es que La Patética podría ser fácilmente adaptada por Pedro porque todo lo que le gusta (ahora) está ahí: gente rica, ropa cara, referencias culturales solo para muy leídas, ensoñaciones calentitas, y la muerte.

La Patética es burguesa hasta la náusea, no se esconde, y en muchos momentos se jacta de ello, sirviendo como ejemplo los padres del protagonista, de un supuesto estrato bajo, con una infancia plena de carencias afectivas y materiales, retratados como high class derechona (aunque se quiera servir como excusa la transición argumental). La mirada al barrio y a los amigos heavies de Carabanchel, caricaturesca y mirada por encima del hombro. El alegato por la defensa de los homosexuales es liberal, cercano a lo reaccionario, tibio y blanco.

Francisco Reyes está fantástico como crítico y doctor, y son las únicas carcajadas que pude soltar durante las eternas dos horas de duración; y únicos parlamentos que se sentían divertidos dardos, precisamente contra la crítica teatral y el precarizado mundo de la atención médica. Manuel Pico me divirtió como Montaigne (gracias programa de mano por aclarar la referencia), y sentí la presencia de Inma Cuevas como una cuota sobre el escenario, y mira que es dificil que Inma Cuevas no destaque en escena, pero es que sus intervenciones y personajes se sienten prescindibles y olvidables.

La Patética contiene todo lo malo del teatro comercial y todo lo malo del que pretende aportar algo mas que entretenimiento y pasatiempos. Las últimas producciones teatrales mainstream que he visto parecen producidas al peso como Netflix: elenco all stars, 120 minutos de duración como poco, y una insoportable levedad de paladar burgués. Ganas de volver a disfrutar de Miguel del Arco en cualquier otra cosa que no sienta como un encargo.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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